Más de 60 participantes vivieron una experiencia de oración, escucha y discernimiento para reconocer posibles llamados al servicio de la fe.
Por Marianne Colmenárez
Sarah Ward, de 16 años, acompañó a su mamá a la Jornada Vocacional de Catequesis celebrada este sábado 8 de agosto en el edificio San Pablo en Carrasquilla y terminó con una certeza que no tenía al llegar. Salió decidida a comenzar su formación para servir a otros desde la fe.
Su acercamiento comenzó por invitación de una tía que ya desempeña este servicio. “Vine aquí para saber más sobre qué era, cómo se hacía y qué significaba realmente ser catequista”, contó.

Durante el encuentro comprendió que esta misión va mucho más allá de preparar a una persona para recibir un sacramento. “Me impactó saber que no es simplemente para preparar a los niños para su primera comunión, sino para compartir lo que tú tienes y conocer más sobre Dios a otros hermanos. Voy decidida a comenzar la formación”, afirmó.
Como Sarah, fiel de la parroquia Santa María de Balboa, más de 60 laicos, entre jóvenes y adultos de distintas comunidades, participaron en esta primera jornada, organizada por la Comisión Arquidiocesana de Catequesis.
El encuentro estuvo marcado por la oración, la reflexión, los testimonios, la escucha y el discernimiento.

La experiencia buscó despertar precisamente esa inquietud por descubrir si existe una llamada de Dios al servicio de la transmisión de la fe. Para el padre Israel Ramos, director de la Sección de Catequesis de la Arquidiócesis de Panamá, «ser catequista no consiste únicamente en asumir una tarea dentro de una comunidad, sino en responder a una vocación».
Por esta razón, durante la tarde los participantes recibieron herramientas para reconocer las señales de ese posible llamado. Los momentos de oración, reflexión y lectio divina estuvieron orientados a favorecer el encuentro personal con Jesús y la escucha de su voz.
Una llamada que no depende de la edad
El padre Israel explicó que la edad no es el principal criterio para descubrir una vocación catequética. Hay jóvenes que desde los 17 años son catequistas y muestran una gran madurez para acompañar a otros en el camino de la fe.

Lo importante, señaló, es la madurez de fe, el compromiso y el testimonio de vida. Como punto de partida, la persona debe haber recibido el sacramento de la Confirmación.
«Más allá de los conocimientos, lo fundamental es ser testigo de lo que Cristo ha realizado en la propia vida» afirmó el padre Israel.
Una tienda para encontrarse con Jesús
Uno de los momentos más significativos de la tarde fue el momento celebrativo, con el ingreso de los participantes a una “tienda del encuentro”, inspirada en la experiencia de Moisés en el desierto.
El espacio se convirtió en un signo del encuentro personal con Jesús y de ese lugar interior donde cada persona puede detenerse, guardar silencio y escuchar la voz de Dios.

La experiencia recordó que no es necesario ser teólogo para anunciar a Jesús. Así como aquella tienda era sencilla y frágil, cada persona puede presentarse ante el Señor con sus fortalezas y debilidades y permitir que Él acampe en su vida.
En la intimidad de este espacio de oración, los participantes recibieron una pregunta para continuar su propio discernimiento, ¿quieres ser tú una tienda del encuentro para los demás?
La pregunta quedó como una invitación a llevar la experiencia más allá de las cuatro horas del encuentro. Para algunos, la respuesta puede significar confirmar un servicio que ya realizan. Para otros, como Sarah, puede ser el comienzo de un camino que apenas empieza a descubrirse.
