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Desempleo en Panamá, un desafío que atraviesa varias generaciones

Desempleo en Panamá, un desafío que atraviesa varias generaciones

Historias como la de Lisbeth revelan las dificultades de encontrar oportunidades laborales pese a experiencia, preparación profesional y voluntad.

 

Por Marianne Colmenárez

A sus 57 años, Lisbeth Amaya sabe lo que significa comenzar de nuevo. Licenciada en Recursos Humanos, con énfasis en reclutamiento de personal, ha ocupado cargos como asesora y directora de proyectos inmobiliarios, gerente general y de ventas.

Aquella etapa de exigencias y responsabilidades terminó marcando un antes y un después en la vida profesional de Lisbeth.

Durante más de 18 años construyó una trayectoria profesional que, en principio, parecía ser suficiente para abrirle las puertas del mercado laboral, pero desde 2023 su realidad cambió.

El mundo inmobiliario comenzó a atravesar dificultades, varias empresas cerraron y llegaron los despidos. Lisbeth recibió una carta de terminación laboral, aunque reconoce que también existió un mutuo acuerdo, pues el desgaste de dirigir a un numeroso equipo y responder a cada exigencia había comenzado a afectar su bienestar. 

“Cuando no había plata, me decían: Lisbeth, necesitamos esta cifra para este mes, y yo tenía que ver cómo hacía. Por el estrés acumulado, empecé a tener problemas de hipertensión, problemas de inflamación en mi cuerpo”, relata.

 

Volver a empezar

Lisbeth pensó que el desempleo sería temporal y que pronto podría recuperar la estabilidad, pero el tiempo pasó y la situación no mejoró como esperaba.

 “Yo decía: con mis ahorros puedo sostenerme y hacer mi propia empresa; estamos en el 2026 y todavía la situación está muy difícil”, expresa.

 

Lisbeth sonríe ante cada oportunidad de venta y de volver a empezar.

 

Comenzó preparando y vendiendo pescado con patacones desde su casa, aprovechando los conocimientos gastronómicos que forman parte de su historia familiar de Puerto Caimito, en La Chorrera. Sus amistades y vecinos se convirtieron en los primeros clientes.

El aumento del precio de los plátanos y otros gastos asociados al emprendimiento hicieron cada vez más difícil mantener la venta de pescado. Lisbeth decidió concentrarse entonces en elaborar arroz con leche y duros gourmet, vendiendo por encargo o participando en bazares. 

Cuenta, además, con un ingreso fijo cuidando a una bebé de pocos meses, entre las 8 de la mañana y las 3 de la tarde. Este trabajo le queda cerca de casa y, más allá del ingreso, también le ha permitido recuperar tranquilidad, asegura. 

Este año solicitó su jubilación, pero reconoce que el monto previsto no es el que esperaba. Calcula que recibirá alrededor de 550 dólares mensuales, una suma que considera insuficiente para enfrentar las necesidades de esta etapa de su vida.

Su experiencia profesional, paradójicamente, también se ha convertido en una barrera. Después de múltiples entrevistas, una reclutadora llegó a decirle que tenía demasiada experiencia.

 

La cara más visible de la informalidad laboral la encontramos en los vendedores ambulantes.

 

Las caras de la desocupación

La historia de Lisbeth Amaya permite mirar el desempleo más allá de una cifra y acercarse a la realidad de quienes buscan una oportunidad laboral. Para el sociólogo Danilo Toro, Panamá enfrenta un problema estructural que se ha acumulado durante los últimos años.

Danilo Toro, sociólogo.

Recuerda que en 2019 la tasa de desempleo ya superaba el 7 por ciento, un nivel que para entonces era considerado excesivamente alto. “El indicador del desempleo sirve para tener una idea de qué desgarres, fallas o desajustes tenemos en la sociedad”, explica.

Recientemente, la ministra de Trabajo y Desarrollo Laboral, Jackeline Muñoz de Cedeño, informó que la tasa preliminar de desempleo se ubica en 9.1 por ciento, acompañada de un incremento del 22 por ciento en las contrataciones formales durante el primer semestre de 2026. 

Toro considera que el fenómeno tiene distintos rostros y afecta, de manera particular, a grupos que enfrentan condiciones muy diferentes al momento de buscar una oportunidad.

El primero es el de los jóvenes entre 18 y 24 años, pues cada año, entre 50 mil y 60 mil personas ingresan al mercado laboral sin que existan suficientes plazas para absorberlas. “Si estás desocupado, se posterga una serie de objetivos que debes alcanzar en tu vida”, señaló, al advertir que esta situación retrasa su independencia y otros proyectos personales.

El segundo corresponde a adultos preparados que no encuentran empleo acorde con su formación, como Lisbeth, mientras el tercer rostro alcanza a los adultos mayores que deben continuar trabajando porque sus ingresos de jubilación no son suficientes. 

Según Toro, esta realidad también genera una tensión generacional, pues mientras los jóvenes reclaman nuevas oportunidades, muchos adultos mayores no pueden retirarse completamente del mercado laboral.

 

Entre enero y junio de 2026, las contrataciones formales aumentaron 22%, según datos preliminares del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral

 

Otros despidos que engrosan las cifras

Alejandro Haynes, secretario general de la Federación Nacional de Asociaciones y Sindicatos de Entidades Públicas, FENASEP, señaló que cada cambio de gobierno suele traer despidos masivos en el sector público, cuyos afectados pasan a engrosar las filas de quienes buscan una nueva oportunidad laboral.

Alejandro Haynes, secretario de FENASEP.

El dirigente sindical califica esta práctica de ilegal y la resume como “el quítate tú para ponerme yo”, al considerar que debe tomarse en cuenta al analizar las cifras nacionales.

Haynes explicó que la federación ofrece asesoría legal a los funcionarios afectados por despidos y los acompaña en los procesos de reconsideración. El trabajador cuenta con cinco días para presentar este recurso después de recibir la carta de despido. 

 

 

Datos estadísticos

De acuerdo con la Encuesta de Mercado Laboral ejecutada por el Instituto Nacional de Estadística y Censo  para medir los cambios en la fuerza de trabajo, el desempleo y la informalidad.

Comportamiento de los últimos tres años a la fecha:

2023 La tasa de desempleo era de 7.4 %, es decir, 155,625 personas desocupadas en todo el país.

2024    La tasa se evaluó en 9.50%; más de 202, 000 personas desocupadas en todo el país.

2025 La tasa de desempleo al cierre del año era de  10.4%, lo que se traduce en 227, 302 personas desocupadas.

A marzo de 2026, de acuerdo con la Encuesta de Mercado Laboral, la tasa de desempleo en Panamá se sitúa en un nivel cercano al 10.4%, según registros oficiales recientes, aunque reportes preliminares del gobierno indican una baja parcial al 9.1%, al cierre del primer semestre, tras registrarse más de 174,000 nuevos contratos. El mercado muestra una dualidad con mayor contratación temporal, pero persiste el reto de la informalidad.

 

La siguiente Encuesta de Mercado Laboral se está realizando del 2 al 29 de agosto de 2026.

 

Más allá de conseguir un puesto

Para el sociólogo Danilo Toro, la respuesta debe construirse desde dos perspectivas. Por un lado, estimular la inversión privada para ampliar las oportunidades y, por otro, desarrollar políticas públicas sostenibles a mediano y largo plazo. 

Considera que las soluciones pasajeras no son suficientes frente a un problema que afecta distintas dimensiones de la sociedad. “Los panameños no toleran las soluciones efímeras”, advierte. 

A su juicio, la desocupación laboral puede desencadenar consecuencias que van mucho más allá de la pérdida de ingresos, entre ellas pobreza, violencia familiar, deterioro de la calidad de vida y migración irregular.

En la historia de Lisbeth Amaya, esas consecuencias se enfrentan con trabajo y reinvención, pero también alcanzan a su único hijo, de 23 años, quien estudia, domina el inglés y tiene conocimientos en sistemas, pero aún busca su primera oportunidad laboral. Madre e hijo representan dos generaciones que, desde distintas circunstancias, siguen esperando una plaza en el mercado laboral panameño.