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Santa Rosa de Lima, devoción que florece en diversas comunidades

Santa Rosa de Lima, devoción que florece en diversas comunidades

La fe cobra vida en procesiones, oraciones compartidas y familias que abren las puertas de sus hogares al reencuentro comunitario.

 

Por Marianne Colmenárez

La devoción a santa Rosa de Lima ha encontrado en distintos rincones de Panamá un terreno fértil para crecer de generación en generación. En comunidades rurales, la fe en la primera santa de América se expresa en novenas, procesiones, visitas a los hogares, acompañamiento a los enfermos y encuentros que reúnen a familias enteras en torno a la Eucaristía.

En El Espino de Santa Rosa, en Santiago de Veraguas, la devoción comenzó a consolidarse alrededor de 1953, cuando llegó la primera imagen de la santa. Los moradores buscaban una figura que representara su fe y escogieron a santa Rosa de Lima como patrona.

Hombres y mujeres de la comunidad se organizaron para recibir la imagen. Décadas después, sus descendientes mantienen aquella tradición que convirtió la devoción en parte de la identidad local.

 

Peregrinación de Santa Rosa por El Cangrejal, pequeña comunidad de Santiago de Veraguas.

 

El sacerdote Carlos Delgado, párroco de la comunidad desde hace poco más de un año, acompaña actualmente la vida pastoral, cuya devoción se ha fortalecido con el paso del tiempo.

 

“La fe en santa Rosa fue creciendo alrededor de pequeñas imágenes peregrinas, ermitas comunitarias, el rezo del Santo Rosario y celebraciones de la Palabra.

 

Con el tiempo, la devoción adquirió una estructura pastoral que permitió reunir a varias comunidades bajo una misma parroquia”, explica el padre Carlos.

El 30 de agosto de 2014, monseñor Audilio Aguilar, obispo de Santiago de Veraguas creó la Cuasiparroquia Santa Rosa de Lima, con templo en El Espino. Una década después, la comunidad alcanzó una nueva etapa con su elevación a parroquia.

Desde entonces, la devoción ha sido acompañada por sacerdotes como Higinio Rodríguez, Lorenzo Concepción, Juan Danilo Rodríguez y, actualmente, Carlos Delgado, quienes han animado la vida espiritual de los fieles.

Para su párroco, “santa Rosa representa mucho más que una imagen venerada en el templo. Su figura está vinculada con la protección de las familias, los enfermos, las labores del campo y la unidad comunitaria”.

 

Las celebraciones en El Espino integran deportes, convivios juveniles y paseos en caballitos de palo.

 

Presente en los hogares

En Las Margaritas, distrito de Chepo, la devoción también tiene una historia de varias décadas. Según la memoria de sus habitantes, la primera imagen de santa Rosa de Lima llegó alrededor de la década de 1970, traída por Silverio Dennis, quien entonces era representante del corregimiento.

Aquella imagen acompañó a la comunidad durante muchos años y se convirtió en símbolo de fe para varias generaciones. El 22 de agosto de 2022, la familia de Ángelo Ibarra donó una nueva imagen, que permanece actualmente en la capilla.

 

Capilla Santa Rosa de Lima, ubicada en la comunidad de Las Margaritas, Chepo, a cargo del padre Saúl Londoño.

 

La antigua imagen no desapareció de la vida comunitaria. Pasó a convertirse en imagen peregrina y, desde el inicio de la novena, el 21 de agosto, visita los hogares de Las Margaritas.

Lisbeth Sánchez, integrante del Consejo de la Capilla Santa Rosa de Lima, destaca que esta práctica permite que las familias reciban a la patrona en sus casas para orar y compartir.

“Su imagen peregrina se ha convertido en un puente entre el templo y los hogares. Su recorrido permite que la celebración no quede limitada a un espacio físico, sino que alcance la vida cotidiana de las familias”, afirma Lisbeth.

 

Las familias de Las Margaritas se preparan con fe para la solemnidad del 30 de agosto.

 

Ángelo Ibarra, laico comprometido de la capilla, señala que santa Rosa es la guía espiritual de la comunidad. “Es una tradición que llevamos con orgullo en el corazón, su devoción nos une como pueblo y fortalece nuestra fe cada día”, expresa.

Guillermina Castillo, también feligrés de la comunidad, asegura que la patrona inspira especialmente a las mujeres. “Muchas veces pensamos en los santos como sacerdotes o religiosos, pero ella nos demuestra que también desde la vida laical podemos servir a Dios y a los más necesitados”. 

 

Otros rincones de devoción

La celebración de santa Rosa de Lima también forma parte de la tradición religiosa de otras comunidades panameñas. Entre ellas se encuentran Vallerriquito, en Los Santos; la Catedral San Juan Bautista de Penonomé; Santa Rosa, de Ocú, y Paritilla, en Pocrí.

 

La comunidad de Calobre, en la Diócesis de Santiago también venera a esta santa.

 

En Penonomé, la festividad mantiene una estrecha relación con la población campesina. Fieles procedentes de las montañas llegan para participar en las celebraciones y acompañar la procesión, llevando productos agrícolas para adornar el anda de la santa.

 

Una vida entregada al prójimo y a orar

Isabel Flores de Oliva nació en Lima en 1586. Creció en una sociedad marcada por profundas diferencias sociales. Sus padres procuraron ofrecerle una sólida formación humana y cristiana, mientras ella desarrollaba una profunda vida de oración y contemplación.

Santa Rosa encontró en la espiritualidad dominica el camino para vivir su vocación. A los 20 años ingresó como terciaria en la Orden de Predicadores, sin abandonar su hogar.

Desde allí dedicó su vida a la oración, la penitencia y el servicio a quienes sufrían. Su preocupación por los necesitados se convirtió en una de las características más destacadas de su vida.

Santa Rosa de Lima murió el 24 de agosto de 1617, fecha que coincide con la fiesta de san Bartolomé apóstol. Por esta razón, su celebración fue establecida tradicionalmente el 30 de agosto, una fecha que se arraigó especialmente en Perú y otros países de América Latina.

 Actualmente, el Calendario Romano General establece el 23 de agosto como su memoria litúrgica, pero el 30 de agosto permanece como una fecha de profunda tradición y devoción popular. 

Fue canonizada el 12 de abril de 1671 por el papa Clemente X y reconocida como la primera santa nacida en América.