Espiritualidad

Así es la fe sin solidaridad

La fe despierta nuestro compromiso con los demás. La fe  despierta nuestra solidaridad. Una virtud humana y cristiana que tienen muchos y tenemos que aprenderla. Una fe que no se hace solidaridad, es una fe muerta o una fe mentirosa. “Uy, yo soy muy católico, yo soy muy católica, voy a misa todos los domingos”. Por más misa de los domingos, si no tienes un corazón solidario, si no sabes lo que pasa en tu pueblo, tu fe es muy débil o es enferma o está muerta. Es una fe sin Cristo, la fe sin solidaridad es una fe sin Cristo, es una fe sin Dios, es una fe sin hermanos.

Un pueblo, un Dios sin pueblo, un pueblo sin hermanos, un pueblo sin Jesús, esa es la fe sin solidaridad y Dios se metió en medio del pueblo que él eligió, para acompañarlo y le mandó su Hijo a ese pueblo para salvarlo, para ayudarlo. Dios se hizo solidario con es pueblo y Jesús no tuvo ningún problema de bajar, humillarse, abajarse, hasta morir por cada uno de nosotros, por esa solidaridad al hermano, solidaridad que nace del amor que tenía a su padre y del amor que tenía a nosotros. Acuérdense, cuando una fe no es solidaria, o es débil o está enferma o está muerta, ¡no es la fe de Jesús! 

La fe que despierta Jesús es una fe con capacidad de soñar futuro y de luchar por eso en el presente. Precisamente por eso yo los quiero estimular a que sigan siendo misioneros de esta fe, a seguir contagiando esta fe por estas calles, por estos pasillos. Esta fe que nos hace solidarios entre nosotros con nuestro hermano mayor, Jesús y nuestra Madre la Virgen. Haciéndose próximos especialmente de los más jóvenes y de los ancianos. Haciéndose soporte de las jóvenes familias y de todos aquellos que están pasando momentos de dificultad (Cf. Papa Francisco en su visita a Paraguay, Julio 2015).

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