CatequesisEspiritualidad

¡Catequistas diligentes como María, al servicio pastoral!

Se nos ha hecho el llamado a orientar nuestros esfuerzos catequéticos, hacia una pedagogía de encuentro con Jesucristo, es decir, que Jesús sea el centro de nuestros encuentros. Para esto hay que aprender a tomar la iniciativa, adelantarse en la tarea evangelizadora que nos toca desempeñar en el mundo actual, en todos los ámbitos y en todos los niveles. Esta es una exigencia de amor en la misión que tenemos como comunidad de discípulos y en especial, los catequistas. Se trata también de aplicar una pedagogía activa, que en palabras del Papa Francisco es “Primerear”, es decir, involucrarnos, acompañar, dar fruto para que otros lo aprovechen y festejar con ellos.

En la acción catequética este Primerear implica, adelantarnos a conocer profundamente cada miembro del grupo, para favorecer momentos que sean causes de expresión en los que actúen según sus talentos y cualidades, siendo protagonistas de su proceso formativo, más allá de cantos o lecturas, en acciones que les ayuden a destacar como personas. Estas acciones involucran: sus emociones, su imaginación, sus sentimientos, su mente critica, buscando que se apropien del proyecto para conocer más profundamente a Jesús, que no se hará esperar, por el contrario ya los espera ahí, a cada paso que dan.

Recordemos las palabras del Papa Francis-co: “El corazón del catequista vive siempre en movimiento de sístole – diástole: Unión con Jesús – encuentro con el otro”. El primer movimiento del corazón es dilatarse llenándose de sangre y en el segundo movimiento el corazón se vacía llenando de sangre todo el cuerpo. Revisemos toda nuestra labor catequética y preguntémonos, ¿soy fiel en prepararme bien para la catequesis? Si mi respuesta es Sí, entonces la pregunta que sigue es: ¿Soy fiel a la misión de salir para traer a mis hermanos a Jesucristo? El catequista es consciente que ha recibido un don, el don de la fe, y lo da como don a los otros.

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