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Cuando Dios te dicta peregrinar

Cuando Dios te dicta peregrinar

Una experiencia espiritual profunda marcada por el duelo y un viaje providencial a México. En medio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Dios la redirecciona hacia la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

 

Yesibel Bethancourt

redaccion@panoramacatolico.com

 

Por el mes de agosto, comencé a orar de una manera diferente. Empecé a decirle a Dios: “Aquí estoy, te necesito; háblame, que tu sierva escucha”; lo anterior, con base en 1 Samuel 3:10. Y, una noche, escuché la voz de mi Padre (voz audible) suave y firme al mismo tiempo.

Él plantó en mi corazón la semilla de viajar a México, específicamente, a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, conocida por sus siglas como FIL, para presentar mi primera obra, denominada “Mi vida: historias de una mujer periodista”, dedicada a la memoria de mi madre, quien ya está de vuelta en la Casa de Papá… La idea era testificar en cuanto a cómo se sigue viviendo cuando la respuesta del Señor es un “no” a tus súplicas y tu madre da su último suspiro en el Instituto Oncológico Nacional.

Lo admito, tras la desaparición física de mi madre, entré en rebeldía. Estaba molesta con Dios, le llegué a preguntar: “¿Por qué te tenías que llevar a mi mamá, si ella jamás se puso un cigarrillo en la boca? Cómo se explica que le haya dado el peor de todos: cáncer en la cabeza del páncreas, y no se podía resecar (operar) porque ella tenía una cicatriz enorme en su pecho, tras haber sido intervenida a corazón abierto, y el riesgo de quedarse en la cirugía era enorme.

Al revivir estos recuerdos me vuelve a doler el alma, porque aun cuando han transcurrido más de 5 años, su abrazo me sigue haciendo falta. El viaje a Ciudad de México, finalmente, se dio por la misericordia de Dios. Sobre ello, y mis vivencias en la FIL 2025, te puedo contar en otro artículo… Ahora, me gustaría enfocarme en cómo Dios me redireccionó.

Yo llegué de madrugada al D.F., me fui a un hotel modesto. Al despertar, me dio por tomar mi primer libro para hacer unas ´stories´ en Instagram. De pronto, me dio por abrir el libro y me topé con la frase que coloqué en las primeras páginas: ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás, acaso, bajo mi protección y amparo? Y rompí en llanto…

De pronto, sentí fuerte en mi corazón: Yesi, vete a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Pensé para mí, ¿cómo haré eso?, ¿podré ir a pie o debo abordar un bus? El asunto es que me alisté, me puse las zapatillas, llamé a un Uber y llegué a la explanada; estaba repleta de peregrinos, ya que era 3 de diciembre, primer día de la novena.

Entré para contemplar la tilma donde se ha quedado plasmada la imagen de la Morenita. Me emocioné hasta las lágrimas, le di las gracias por haberme permitido llegar, le pedí perdón por haberla dejado de lado. En ese viaje comprendí que respetar y honrar a la madre del Hijo de Dios, en nada riñe con Él. Es un hecho, Jesús es el único camino para llegar al Padre. La Mamita María intercede por cada uno de nosotros, sus hijos.

                                                                                                 Experiencia espiritual

— El peregrinaje a México nace de un llamado directo de Dios durante un tiempo de oración, inspirado en 1

Samuel 3:10, tras la muerte de la madre de la autora.

 

— La obra presentada en la FIL está dedicada a la memoria de su madre, fallecida por cáncer de páncreas, experiencia que llevó a la autora a un periodo de rebeldía y cuestionamiento de su fe.

 

— La visita a la Basílica de Guadalupe el 3 de diciembre, inicio de la novena, se convierte en un punto de sanación espiritual y reconciliación con la figura de la Virgen María como madre e intercesora.