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Desde Panamá, Rosario Latinoamericano en medio de COVID-19.

Flor Ortega

El  Papa Francisco ha sido el primero en demostrar cómo vencer el aislamiento y promover la oración comunitaria, aquel 27 de marzo, en una plaza vacía, momento al que se unieron millones de feligreses del mundo, a escuchar la oración y bendición “Urbi et Orbi”. 

En Panamá, en medio del confinamiento por el COVID-19, tras la solicitud de una familia de San Juan de Pacora, a los responsables de Familias Nuevas del Movimiento de los Focolares, de apoyo técnico para hacer el rosario virtual en su pequeña comunidad, nace el 18 de marzo de 2020, una propuesta que se fue extendiendo a toda la región latinoamericana y más allá, y es ahora una cita diaria a la que se van uniendo cada noche, más personas, de todas las edades.

Desde hace casi 60 días, sigue creciendo esta red de oración a la que ya se suman entre 170 y 200 puntos de conexión en toda América (Estados Unidos hasta el cono Sur) y más de 800 personas, a través del rezo del rosario, superando las barreras de idioma, fronteras, horarios. 

A esta iniciativa se han incorporado también, sacerdotes, religiosas y religiosos. Para todos los participantes es una oportunidad para salir y contribuir, con la oración y ofrecimientos cotidianos, a ayudar a los demás.  La red, un caleidoscopio humano, permitió también, realizar el Vía Crucis virtual en Semana Santa, dos de ellos llevados adelante por los jóvenes del Movimiento de los Focolares de la región de Mesoamérica.

Una comunidad unida, orando y especial ver un pueblo de toda América.

Para Juan Pablo y Yansy, un matrimonio Colombo-Mexicano que vive en Guadalajara, ha sido una experiencia de comunión “es muy lindo poder ver caras conocidas y otras que son nuevas, y ver que somos una gran familia, en tantos puntos del continente.  Rezar el rosario en familia nos hace más sensibles y prontos a la voz de Dios. No podemos estar en el frente de batalla, pero hacemos nuestra parte desde casa, y como decía Chiara Lubich, si hacemos cualquier acto por amor, tiene valor”.

Por su parte, el seminarista Fernando, de Guadalajara, México, dice que “me llena de alegría este gran testimonio de unidad de tantas familias de Latinoamérica”.

Gabriela y Mario De Pian, de Tandil, Argentina, expresan su alegría de unirse a esta red: “Bendito y maravilloso este Santo Rosario. Nosotros lo esperamos, lo rezamos con alegría, es lo más bello del día. 

Lucas y Paola, un matrimonio joven de Medellín, Colombia, comparten su testimonio de esta experiencia de comunión tan singular.  Ha sido muy especial recibir la invitación de contemplar los misterios del rosario diariamente.

Al principio éramos 30 puntos de conexión de todo América, y cada día que pasaba se iban sumando más y más personas, unidas en un solo corazón, algo que en otras circunstancias hubiera sido complicado por temas logísticos, hoy llegamos a más de 800.

Esta situación de crisis mundial ha contribuido a renovar la iglesia, al Movimiento de los Focolares, también nuestro matrimonio. Es especial poder ver las caras de todos para decirnos, aun en la virtualidad, que estamos ahí, viviendo el uno para el otro.

Con el llamado a “quédate en casa”, uno podría llegar a pensar en soledad; pero no, todo lo contrario, estamos juntos, ahora más que nunca, orando y viviendo unos por otros, y es muy especial ver un pueblo de toda América, orando por la salud del mundo, por los que donan su vida, por los difuntos, por la economía, por el Papa; sintiendo que hay una fuerza superior a la pandemia: la fuerza de la Unidad.

Ha sido una ocasión para revelar el secreto mejor guardado en nuestra historia, que el corazón de un hogar es Iglesia; es tener la certeza que aun en este Jesús abandonado que vive la sociedad, podemos hacernos Uno.

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