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¡El Señor ha Resucitado! Una realidad que se abraza y se vive

¡El Señor ha Resucitado! Una realidad que se abraza y se vive

La Pascua trasciende templos, manifestándose en hospitales, prisiones y rutas migratorias donde la luz divina transforma el sufrimiento en una Nueva Vida.

 

Por Marianne Colmenárez

Arrodíllate y ora por mí, sigue cantando que ya falta poco”, le pidió una pequeña paciente a la enfermera Yaremi Gordón en el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel. Eran las dos de la tarde y la niña, en su agonía, no mostraba temor ni angustia, sino una serenidad que trascendía toda lógica médica. 

Yaremi, con casi 16 años de servicio en cuidados paliativos, se arrodilló al borde de la cama y entonó alabanzas mientras la niña le aseguraba con una sonrisa que el momento del encuentro definitivo estaba cerca. 

Al terminar su turno, la enfermera recibió la noticia de que había partido en paz, confirmando una conexión espiritual que solo los más pequeños logran alcanzar. 

 

Acompañando en el umbral del cielo 

Para Yaremi, la Pascua se vive a diario en los pasillos del hospital cuando los pacientes le enseñan que esta tierra es solo un lugar de paso.

En su memoria guarda con especial cariño la historia de un niño de siete años que padecía leucemia linfoblástica aguda. Ante la inminencia de su partida, la enfermera le pidió que hiciera un dibujo de lo que él quisiera. El pequeño realizó las figuras de su padre y su madre en la parte inferior de la hoja, mientras que en la parte superior dibujó a dos personajes adicionales.

Yaremi extiende su mano, escucha y da su milla extra por sus pacientes.

“Este es mi papá y mi mamá abajo, y acá arriba, este es Dios y este soy yo”, explicó el niño con la seguridad de que tendría pronto ese encuentro con el Señor. Apenas quince días después el pequeño falleció, dejando en Yaremi la certeza de que los niños logran hacer esa trascendencia espiritual mucho antes que los adultos.

“Cuando los pequeños sufren mucho en su final de vida, decirles a las familias que esta tierra es de paso y que Jesús nos prometió una vida eterna más plena y sin sufrimiento, les da la fuerza para continuar”, afirma la enfermera. 

Ella se prepara cada mañana escuchando la palabra de Dios, convencida de que su misión es ser manos y voz del Señor para quienes sufren. Asiste a la Hora Santa y a las misas que organiza la Pastoral de Salud del mismo hospital.

 “Yo veo a Dios todos los días en mi vida y, si me viene a buscar hoy, estoy lista, porque lo que hago me hace tener mi corazón preparado”, confiesa Yaremi, entre risas. 

 

 

Lorysbeth comparte su talento y servicio en el Ministerio de Música Renuévame.

Cantando tras las rejas

La historia de Lorysbeth del Milagro Bernal es otro testimonio revelador de vida nueva. Ella pasó casi cuatro años privada de libertad en el Centro Femenino de Rehabilitación “Cecilia Orillac de Chiari” (CEFERE) tras cometer errores que la alejaron de sus tres hijas.

En medio de la oscuridad del encierro, Lorysbeth encontró en la Iglesia católica el refugio que no halló en otras religiones. “Estar dentro de la Iglesia es olvidarte del lugar que estás sufriendo, esa ventanita y esa luz que está al fondo se llama Jesucristo y yo tuve la experiencia de vivir eso”, asegura Lorysbeth, quien se convirtió en una de las voces principales del coro Vive María.

 

Frente al Santísimo, la Pastoral Penitenciaria les muestra que Dios perdona y renueva.

Para ella, el canto fue el vehículo de su propia resurrección interior. “Con el coro pude cantar en eventos externos, incluso cantando en otras cárceles, en el parque Omar y frente a las autoridades eclesiásticas y estatales.  

Relata con emoción cómo también la Virgen María se convirtió en su madre protectora. “Siempre estuvo ella, abrazándome en mi soledad. Sabía que la Virgen me guiaba hacia su Hijo, fue una experiencia única saber que Él estaba allí en el Santísimo”, explica. 

Su condena de quince años se transformó milagrosamente en poco más de tres años y medio. Hoy disfruta de su familia, trabaja y sigue cantando, dando fe de que Jesús vive y restaura lo que parece perdido.

 

La Cruz como una opción de amor

Una nueva vida, es el sueño de todo migrante.

Para el sacerdote Mario Geremía, misionero scalabriniano, estas vivencias reflejan que la cruz es siempre la consecuencia de una opción de amor extremo. En su trabajo con migrantes y refugiados, ha visto a familias que aguantan el calvario del rechazo porque mantienen la esperanza en una victoria final.

Recuerda, conmovido, a un niño que residía con sus padres temporalmente en el Hogar Luisa; rezaba en silencio por otro pequeño que había visto por su paso en la selva. “Me impactó escucharle; con su oración despedía a otro niño que vio tirado en una caja de cartón durante la travesía por el Darién”. 

Para el padre Mario, la muerte nunca tiene la última palabra; enfatiza que en cada rincón del mundo hay señales de un Dios vivo que nos invita a alegrarnos con el abrazo oportuno, la mano extendida que permite a otros resucitar a una vida nueva.