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Escuchar el clamor de los pobres es el compromiso de la Iglesia

Escuchar el clamor de los pobres, fidelidad al Evangelio que se encarna en los más desfavorecidos y ser una Iglesia de puertas abiertas, donde la acogida, fraternidad y alegría sean sus insignias de identidad, fue el compromiso adquirido por los participantes del VI Congreso Nacional de Pastoral social, celebrado del 6 al 8 de octubre pasados.
En un comunicado, los miembros de la Pastoral Social asumieron unánimemente la responsabilidad de seguir el modelo de Iglesia que les ha desvelado el Papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, en la que se exponen estos compromisos.
Los participantes compartieron en un ambiente fraterno en el que “los hermanos que viven en las periferias de nuestra sociedad han estado presentes de una manera preferencial en nuestras reflexiones y compromisos de trabajar por el respeto a la dignidad humana”, expresaron en su comunicado.
Asimismo, invitaron a todos los cristianos panameños a recuperar el gozo del Evangelio, como nos insta el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium, “a través de una profunda y sincera experiencia de Dios, compartiendo nuestra fe y contagiando a todo el mundo de esa alegría por medio de nuestras palabras y acciones”.
Una realidad “ad intra” que nos preocupa es la necesidad de una mayor coordinación de la dimensión social en las diócesis, vicariato y prelatura de nuestra tierra istmeña, por lo que asumimos el firme compromiso de que en el futuro la información y articulación sea más fluida y eficaz, para una mayor incidencia de la Iglesia en la sociedad, finaliza el documento.

Jornada Mundial de los Pobres
El congreso es una actividad previa a la Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará en todo el mundo el próximo 19 de noviembre.
Al respecto se refiere el padre Miguel Keller, expositor invitado, quien explicó que la jornada está encaminada a cumplir dos objetivos: estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del derroche y el descarte, y que estemos dispuestos a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad como signo de fraternidad.
“Es una cuestión tan práctica que el domingo debemos acercarnos al pobre que necesita ayuda y atención para vivir ese llamado, en oración y acción”, señaló.
Recordó el papa Francisco, al presentar la jornada, se refirió a la primera carta de Juan: “hijos míos, no hablemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”. Esa es la misericordia puesta en práctica. También invocó el Salmo 34: Si el afligido invoca al Señor, él escucha. Esta es la luz que alumbra a la Iglesia, señaló.
Sin embargo, muchas veces los cristianos no hemos escuchado este llamado, pero también ha habido cristianos que se lo han tomado muy en serio.
No se trata de hacer una obra de voluntariado una vez a la semana, sino del encuentro con los pobres, de compartir con ellos. La oración, el discipulado y la conversión son tres pilares de la vida cristiana que se realiza en ese encuentro con los pobres. Si quieres encontrar a Cristo, lo encuentras en el cuerpo llagado de los pobres, manifestó el sacerdote Keller.
El padre dejó claro, sin embargo, que la iglesia no es de pobres ni de ricos. Ella, tal como lo hace una madre, atiende a todos sus hijos, pero más, al que la necesita.
Esta no es una protección paternalista, por lo que hay que ayudarlos a que sean protagonistas de su propia promoción humana y liberación. Tampoco una canonización ni sentimentalismo que se queda en compasión, simpatía ni indignación. Tiene que ser acción evangélica real y comprometida.

En Panamá: ¿Cuántos, quiénes
y dónde están?
En el congreso participó Nadia Vásquez, experta en temas de desarrollo humano. Ella explicó que se ha hablado muchos años de disminución de la pobreza, pero la pobreza aumentó.
En el 2000 se acogió una agenda del desarrollo del milenio dirigida a los países pobres, pero se concentró solo en los países en vías de desarrollo que tenían que reducir la pobreza, lo que llevó a su fracaso.
Luego se fue a la agenda de desarrollo sostenible del 2016 al 2030 (Visión 20-30), pero ella se muestra escéptica porque se elaboró para responder a organismos internacionales, cuando debe basarse en los proyectos de desarrollo de cada país y cómo cada uno hace una contribución a la Visión 20-30. Aquí se incluye a todos los países pobres o no.
El objetivo es el fin de la pobreza, pero faltan 13 años para llegar y hay que pensar cómo se va a lograr en medio de la corrupción y el dinero que se va a los bolsillos de los corruptos, resaltó la experta.
Mientras tanto, en Panamá, en el 2016 la población en pobreza (885,971 personas) se redujo de 22% en 2015 a solo 0.9%. La mayoría de los pobres están en áreas rurales donde son el doble, casi 600 mil, informó. En Panamá ellos son, sobre todo, indígenas y población afrodescendiente y campesina.
La pobreza extrema se ubicó en 2015 en una tabla de 9.9% respecto a la población total del país. La población en estado de pobreza extrema es de 75 mil personas en áreas urbanas, y 321,962 personas en áreas rurales en ese año, según cifras del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).
Acaba de salir un reporte que dice Panamá es el mejor país de América Latina y en el Caribe en infraestructura, pero todo se queda en la ciudad, y al campesino poco le llegan estos beneficios, sentenció.

Iglesia misionera
Por su parte, José Luis Cardenal Lacunza, quien preside la Pastoral, dio a conocer que la Evangelli Gaudium tiene dos capítulos que se centran en lo social: En el dos contiene los desafíos del mundo actual, un no rotundo a la economía de exclusión, a la idolatría del dinero, a un dinero que gobierna en lugar de servir, a la indignidad que genera violencia, a los desafíos culturales, a los de la inculturación de la fe y de la cultura urbana.
En tanto, en el capítulo 4, el Papa se refiere a la dimensión social de la evangelización, a las repercusiones comunitarias y sociales del kerigma, el reino que nos reclama y las enseñanzas de la iglesia. De igual forma, a la inclusión social de los pobres, la fidelidad al evangelio para no correr en vano y no desbordarnos; el lugar privilegiado de los pobres, economía y distribución del ingreso, cuidar la fragilidad y el bien común, y la paz social con un diálogo social como contribución a la paz.
El Papa dice no a la economía de la exclusión y exalta el mito de la sociedad del mercado que solucionaría la pobreza produciendo riqueza, y que expresa una confianza burda en la bondad de quienes detentan el poder.
Según la exhortación del Papa, se produce más riqueza, pero la riqueza no se desparrama y el no querer compartir con los pobres los propios bienes, es robarles y quitarles la vida.
Rechaza, igualmente, una educación que tranquilice a los pobres y los convierta en seres domesticados e inofensivos.
El cardenal Lacunza destacó que “como agentes de pastoral social tenemos que tener sumo cuidado. A veces, hay una solicitud enorme a los pobres, a los desvalidos, a los marginados que tengan paciencia, que se calmen. No”.
Después de la denuncia de la economía del descarte y del egoísmo, se indican vías de salida. Consisten en el despertar de la sociedad civil de ese estado hipnótico en que se encuentra domesticada cotidianamente, por los índices de la bolsa, por los números, que bloquean toda iniciativa que demande más participación y más democracia.
La otra vía la encontramos en la escucha de los gritos de las víctimas, de los viejos, excluidos y jóvenes sin trabajo. Hay que volver a partir de las periferias sociales donde se encuentran los excluidos por el sistema y no dejarnos llevar por el aumento del PIB, los índices de desarrollo humano, porque detrás de las cifras hay personas. Aunque las cifras indiquen mayorías, no siempre indican que la mayoría de las personas son beneficiadas por esos datos que dan las cifras.
Jesús es el primer evangelizador y anda en las periferias siempre atento a las necesidades de los demás para ayudar. Por eso el evangelio convoca a esa comunión solidaria al estilo de Jesús.

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