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Familia Redentorista, Misión Compartida

H. Víctor Manuel González CSSR

Compadecido de los pobres, sobre todo de los campesinos, que en aquel entonces constituían una gran parte del pueblo, San Alfonso María de Ligorio, el año 1732, en la ciudad de Scala (Reino de Nápoles, Italia), fundó la Congregación del Santísimo Redentor, más conocidos como los Misioneros Redentoristas, para que siguiendo al mismo Redentor predicaran el evangelio a los pobres, como Él dijo de sí mismo: “Me envió a anunciar la Buena Nueva a los pobres”, (Lc 4,18). La Congregación participa así de la misión de la Iglesia que por ser sacramento universal de salvación, es esencialmente misionera. Para realizar esta misión en la Iglesia, la Congregación reúne hermanos que viviendo en común (Vida Religiosa), constituyen un cuerpo misionero y, según el ministerio propio de cada uno, se vinculan orgánicamente a él por la profesión de los votos religiosos.

 Los Redentoristas profesos son conscientes de que la misión realizada en la Iglesia y para la Iglesia no se puede lograr sin los laicos que los apoyan. Desde los inicios de su misterio apostólico, San Alfonso María de Ligorio trabajó en colaboración con hombres y mujeres laicos para llevar la Buena Noticia a los más pobres y abandonados. Comenzado con las Capillas del atardecer, que eran reuniones de creyentes, sobre todo, de gente pobre de la ciudad de Nápoles en el siglo XVIII. Más tarde San Clemente M. Hofbauer y generaciones sucesivas de misioneros redentoristas, religiosas redentoristas de la Orden del Santísimo Redentor, y diversas formas de asociaciones de laicos han dado continuidad a la Misión compartida hasta el día de hoy.

San Clemente María H. (1785) captó bien que las múltiples urgencias pastorales que surgían del contexto social del momento sólo podrían ser encaradas desde un trabajo en equipo. Por eso, todos los redentoristas, profesos y laicos han abrazado la espiritualidad de Jesús el Redentor; han asumido la tarea  de conducir a las personas a una buena relación con Dios y con los demás. Todo ello inspirado en el ejemplo de Jesús y su deseo de guiar a las personas a Dios, especialmente a los pecadores, los abandonados y los pobres.

 Ahora, bien, el término: “Familia Redentorista” es relativamente nuevo en su forma de relacionarlo con “ya”, constituida familia religiosa, redentorista, que éstos por la profesión de los consejos evangélicos (Castidad, Pobreza y Obediencia), que adquieren un vínculo de por vida con el Redentor. Esta familia de profesos son miembros por derecho: sacerdotes, diáconos, hermanos,  estudiantes (juniores)  y los novicios.  Con el pasar del tiempo, la figura de los laicos en la Congregación ha ganado su espacio. Estos laicos hombres y mujeres que han hecho suya esta espiritualidad carismática, dentro de la familia redentorista, son conscientes que su consagración bautismal, los mueve a proyectase por medio de su vocación particular y que dentro de la Congregación su tarea misionera, es importante.  Entre ellos están: Misioneros Laicos del Santísimo Redentor, Cofradías o archicofrades, asociaciones de antiguos estudiantes redentoristas, colaboradores laicos, benefactores, todos ellos están vinculados en parroquias, santuarios, centro de misión, equipos misioneros y redentoristas. Asimismo, existen otras Congregaciones religiosas inspiradas en el carisma redentorista que también  llevan adelante la Redención Copiosa de Cristo.

Por tanto, todos, profesos, laicos y las distintas formas de asociación, adheridos al carisma misionero redentorista, sirven a la Iglesia en cualquier parte del mundo y proclaman el mensaje de salvación dado por Cristo en la cruz. “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”, Jn 3, 16.

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