La Iglesia en Panamá despidió con fe y gratitud al obispo emérito de Bocas del Toro, recordando su vida misionera al servicio del pueblo.
Por Héctor Muñoz
Este martes 24 de febrero de 2026, en la Parroquia San Lucas de Costa del Este, se celebraron las exequias de monseñor José Agustín Ganuza García, O.A.R., obispo emérito de la Prelatura de Bocas del Toro, en una ceremonia marcada por la gratitud, el recuerdo y la esperanza cristiana ante la muerte.
La ceremonia litúrgica reunió a fieles, sacerdotes, religiosos y religiosas, comunidades indígenas, y familiares, quienes acompañaron el último homenaje a quien durante décadas fue pastor, maestro y misionero entre los pueblos de Panamá.
Monseñor Ganuza García, nacido en Artajona, Navarra, España, el 28 de agosto de 1931, falleció el 20 de febrero de 2026 a los 94 años de edad, dejando un legado de entrega, cercanía y servicio pastoral.
Ordenado sacerdote en 1954 después de formarse en la Orden de los Agustinos Recoletos, llegó a Panamá en 1958, donde desarrolló una intensa labor pastoral y educativa, inicialmente como profesor en el Colegio San Agustín.
En 1970 fue nombrado Prelado de Bocas del Toro por el papa Pablo VI y, dos años después, en 1972, recibió la ordenación episcopal. Durante más de tres décadas al frente de la prelatura, su vida episcopal se caracterizó por una pastoral de cercanía con las comunidades, especialmente con los pueblos indígenas, por quienes trabajó con respeto a su identidad y cultura.
La Prelatura de Bocas del Toro, con una importante presencia de comunidades indígenas como los Ngöbe-Buglé, fue el centro de su misión evangelizadora, donde promovió la fe, la dignidad humana y la formación de líderes locales.
Durante la homilía, el arzobispo metropolitano de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, destacó el profundo sentido misionero que marcó la vida del obispo emérito, recordando las palabras del Evangelio: “El buen pastor da la vida por sus ovejas”, afirmando que estas se hicieron vida concreta en el ministerio de José Agustín Ganuza García, quien “no vivió su vocación como un honor personal, sino como un servicio”.
Recordó, además, que cuando un misionero entrega su vida durante tantos años en una misma tierra, su historia deja de ser solo personal para convertirse en parte de la memoria espiritual de un pueblo, como ocurrió con monseñor Ganuza en la Iglesia particular de Bocas del Toro.
“No fue un obispo de despacho, fue un obispo de camino, que caminó con su pueblo.”
Las exequias en San Lucas se convirtieron en un momento de profundo recogimiento y agradecimiento, en el que se destacó que su vida y ministerio dejaron huellas imborrables en la memoria espiritual de Panamá

