,

Iglesia católica de Panamá brinda apoyo a migrantes deportados por EE. UU

Iglesia católica de Panamá brinda apoyo  a migrantes deportados por EE. UU

La Red CLAMOR Panamá se activa para brindar apoyo a migrantes extracontinentales abandonados en Panamá, en medio de incertidumbre y vulnerabilidad.

 

Por Marianne Colmenárez

La Iglesia católica, a través de la Red Eclesial Latinoamericana y Caribeña de Migración, Desplazamiento, Refugio y Trata de Personas (Red CLAMOR Panamá), se ha unido a otras organizaciones para brindar ayuda a un grupo de migrantes extracontinentales que llegó forzado a Panamá desde Estados Unidos y que posteriormente fue abandonado en la terminal de Albrook por las autoridades panameñas.

Migrantes varados en Albrook enfrentaron agotamiento e incertidumbre.

Elías Cornejo, coordinador de proyectos en Fe y Alegría Panamá, explicó que los migrantes, en su mayoría no hispanohablantes, recibieron hospedaje en el gimnasio de Fe y Alegría y en algunas habitaciones disponibles de la misma obra, ubicada en el corregimiento de Las Mañanitas.

Miembros de la Red Clamor con Pastor Gustavo Gumbs de la Fundación de Asistencia a Migrantes.

En un primer momento, se recibieron a 65 personas de distintas nacionalidades y credos.

“Nos enteramos de que, para aliviar la crisis, defensores de derechos humanos financiaron hasta tres días de estadías en hoteles, pero esta solución resultó insostenible por la falta de recursos. Por eso, tomamos la decisión de unir esfuerzos para traerlos hasta acá, para que tengan el espacio y el tiempo para tomar decisiones sin la presión de que los vamos a echar a la calle”, señaló Cornejo.

Aclaró que los migrantes no están detenidos y pueden movilizarse libremente dentro de los límites del decreto gubernamental. “Lo importante es orientarles para protegerles de cualquier peligro, ya que son personas altamente vulnerables”, agregó.

Este grupo de migrantes forma parte de los 299 que en febrero fueron enviados en tres vuelos por EE. UU. como parte de un acuerdo que convirtió a Panamá en un país “puente” para su repatriación.

De ellos, al menos 187 han retornado o esperan hacerlo de manera voluntaria, mientras que 112 han optado por quedarse en Panamá, temerosos por su seguridad en sus países de origen.

 

Las personas provienen de China, Eritrea, Rusia, Irán, Camerún, Vietnam, Pakistán, Etiopía, Nepal, Ghana y Guinea. Algunos buscan regresar a EE. UU., donde tienen familiares, otros intentan llegar a distintos países, y un pequeño grupo ha solicitado refugio en Panamá a través de la Oficina Nacional para la Atención de Refugiados (ONPAR).

 

Ante la compleja situación, la Red CLAMOR ha coordinado con el Comité Ecuménico y el Comité Interreligioso de Panamá para gestionar apoyo, ya que entre los migrantes hay musulmanes e hindúes. También se ha propuesto que, con la colaboración de los obispos de frontera, se reactive la campaña Iglesia sin Fronteras en las parroquias para recolectar alimentos y artículos de higiene.

 

En tiempo récord, reacomodaron las habitaciones para ofrecer un espacio digno.

 

Jorge Ayala, secretario ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana y director del Hogar Luisa, informó que Estados Unidos no entregó a estos migrantes documentos oficiales como deportados y que muchos ni siquiera tienen pasaporte. Panamá les otorgó un permiso humanitario de 30 días, prorrogable hasta 90, pero sin un sello de entrada oficial, dejándolos en una situación de indefensión en un país desconocido, sin recursos ni redes de apoyo.

En el Centro de Acompañamiento Integral (CAI) Hogar Luisa, de la Arquidiócesis de Panamá, se ha recibido a siete migrantes, cinco de los cuales han solicitado refugio. El hogar actualmente atiende a 26 personas en situación de vulnerabilidad, entre los deportados y los que ya estaban allí albergados con antelación.

A pesar de las dificultades, agentes de pastoral, entre estos, los misioneros y misioneras Scalabrinianas, han acompañado a los migrantes con gestos de empatía y esperanza.

Muchas de estas personas cargan historias de dolor y sufrimiento. Una de ellas, una mujer nigeriana de 37 años, fue deportada desde California tras protestar contra el gobierno de su país. Huyó de emergencia, dejando a su hijo de 12 años con un conocido con quien no ha tenido contacto. En su travesía, sufrió abusos y explotación en Brasil y Colombia antes de llegar a EE.UU., donde solo permaneció cuatro días antes de ser enviada a Panamá.

 

Gestos de solidaridad

Se necesitan donaciones de agua, comida y productos de higiene. Además, piden oración para que haya generosidad y apoyo a estos hermanos en su difícil camino.

 Para ayudar, pueden coordinar las donaciones a través del Hogar Luisa, al teléfono local 203-7600.

 

Donaciones

Quienes deseen apoyar pueden realizar donaciones a la cuenta # 03-18-01-103962-6, de Iglesia Católica – Hogar Luisa en Banco General.