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Inician gestión para la reactivación del albergue ecuménico P. Néstor Jaén

Inician gestión para la reactivación del  albergue ecuménico P. Néstor Jaén

Durante más de una década, este albergue fue refugio para mujeres provenientes de las zonas más vulnerables del país. Hoy, luego de la pandemia, el Comité Ecuménico trabaja para reactivar esta obra que devolvió dignidad y esperanza en medio del sufrimiento. 

Karla Díaz

En el año 2009, nació una obra silenciosa que transformó la experiencia de cientos de familias panameñas y extranjeras que atravesaban uno de los momentos más difíciles de sus vidas: la enfermedad de un ser querido. 

Se trató del Albergue Ecuménico Padre Néstor Darío Jaén, una iniciativa impulsada por el Comité Ecuménico de Panamá que brindó alojamiento, alimentación, acompañamiento humano y espiritual a personas de escasos recursos, cuyos familiares se encontraban hospitalizados. 

 

Durante más de una década, este albergue fue mucho más que un techo; fue refugio, descanso, consuelo y dignidad para mujeres que venían desde comunidades apartadas del país, especialmente de la comarca Ngäbe Buglé, áreas rurales de Veraguas, Chiriquí, Coclé y otras zonas de difícil acceso. 

Personas que, de no existir este espacio, habrían tenido que dormir en sillas, pasillos o escaleras del hospital. 

Una obra nacida de  la compasión 

Según relata Isis Navarro, secretaria general del Comité Ecuménico y, por muchos años, administradora del albergue, la necesidad fue palpable desde el inicio. Las visitas constantes al hospital permitieron constatar la realidad dura de familiares sin recursos, sin redes de apoyo, sin un lugar digno donde descansar mientras acompañaban a sus enfermos. 

La idea tomó forma gracias al impulso incansable del padre Néstor Darío Jaén, sacerdote jesuita, guía espiritual y principal inspirador del proyecto. “Él veía la necesidad, la sentía y no podía ser indiferente”, recuerda Navarro. Fue él quien insistió en hacer censos, dialogar con enfermeras, tocar puertas una y otra vez hasta que el albergue se hiciera realidad. 

El camino no fue fácil, explica Isis. Antes de inaugurarse oficialmente, el proyecto enfrentó múltiples obstáculos; locales asignados que luego fueron retirados, techos que colapsaron, donaciones robadas dentro del propio hospital y promesas incumplidas. Sin embargo, nada logró apagar el entusiasmo del padre Néstor. 

“Nunca dejó que el cansancio o la frustración le robaran la esperanza, él siempre contagiaba a todos con su espíritu de servicio”, afirma Isis. 

Finalmente, en 2009, el albergue fue habilitado dentro del Hospital Santo Tomás, en un área cercana a la sala de maternidad. Con capacidad para unas 30 mujeres, el espacio contaba con camas restauradas gracias a donaciones, cocina equipada, lavandería, comedor, sala de estar, televisión y hasta máquinas de coser para que las usuarias pudieran confeccionar su ropa; todo pensado para ofrecer un ambiente digno y humano. 

Acompañamiento  integral 

El Albergue Ecuménico funcionó 24 horas al día, los siete días de la semana, sin costo alguno para las beneficiarias. Además del hospedaje y la alimentación, se ofrecía acompañamiento espiritual, actividades formativas y espacios de escucha. 

Seminaristas y voluntarios colaboraban activamente para ayudar a mitigar el dolor, la ansiedad y la soledad propias de la espera hospitalaria. 

El impacto fue tal, que muchas personas creían que el albergue era parte del hospital. “Y eso estaba bien”, señala Navarro. “Nunca nos interesó el protagonismo, siempre se vivió ese principio evangélico de que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”. 

 El cierre forzado y la esperanza de volver 

Con la llegada de la pandemia por COVID-19, el albergue tuvo que cerrar por indicación de las autoridades de Salud. Posteriormente, el Ministerio de Salud informó que el espacio sería utilizado para ampliar la sala de hemodiálisis del hospital, lo que impidió su reapertura. 

Desde entonces, el proyecto ha permanecido en pausa, sin embargo, el sueño sigue vivo. Hoy, existe una propuesta para habilitar un nuevo espacio, posiblemente en el antiguo Oncológico del Hospital Santo Tomás, con una capacidad aproximada de 40 camas (20 para mujeres y 20 para hombres), áreas separadas, baños, cocina, lavandería y sala de estar. 

El costo estimado de adecuación es de 65 mil dólares, cifra que podría ser mayor hoy debido al aumento de los precios. El Comité Ecuménico ya cuenta con un capital semilla de 5 mil dólares, producto de una donación como parte de la responsabilidad social de una empresa, y continúa gestionando fondos mediante donaciones, actividades y alianzas. 

“Queremos volver a abrir. La necesidad sigue ahí, quizá más fuerte que antes”, afirma Navarro; y es que esto no solo ayuda a las familias, también apoya al hospital y a todo el sistema de salud”, señala. 

 

Un llamado a la solidaridad 

Hoy, el Comité Ecuménico hace un llamado a la sociedad, a las empresas, a los fieles y a las personas de buena voluntad para sumarse a este esfuerzo, recuperar un espacio que fue hogar para tantos, y devolver la esperanza a quienes, en medio de la enfermedad, solo necesitan un lugar donde sentirse acompañados.