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Inicio del año escolar: acompaña a tus hijos

Inicio del año escolar: acompaña a tus hijos

Camina y crece con tus hijos. Celebra la paternidad y no te conviertas en un padre o madre ausente.

 

Por Vilma Calderón

“Preparen el camino del Señor; abran sendas rectas para Él” Mc 1,3.

Todo padre desea que sus hijos progresen, que sean hombres y mujeres de bien, por lo que hacen grandes sacrificios para su educación, sea pública o privada, conscientes de que es una responsabilidad en la que más empeño deben poner. Se trata del futuro de sus hijos y de su descendencia.

La entrada de los hijos a la escuela adquiere dimensiones nuevas y diferentes en el rol de ser padres, porque modifica la dinámica familiar. Esta acción siempre está acompañada por alegría, esperanza, preocupación. Algo de miedo y dolor, cuando son muy pequeños.

El acompañamiento físico es importante en ese primer día en que es una nueva experiencia. Nuevo ambiente, nuevos compañeros; un docente que no conoce. Hacer vínculos, integrarse al mundo fuera del hogar.

Ayúdales en su adaptación, a aprender. Haz que por sí mismos logren realizar sus tareas, con una vigilancia estrecha. Crea en ellos un hábito de estudio para lograr su autonomía, la satisfacción de un año más aprobado.

 

Acompañarlos es un acto activo de ambos padres, compartiendo los deberes con acciones concretas, desde las tareas del hogar, sin descuidar el bienestar físico, social, mental, emocional y el espiritual en la familia.

 

Compartir responsabilidades es no privarse de participar en los logros que van adquiriendo los hijos en la medida en que avanzan, disfrutando la realización y satisfacción emocional de guiarlos hasta que sean profesionales.

La familia es la primera escuela. Acompañarlos es llevar una vida familiar sana. La paz en el hogar lleva a hijos exitosos. Incúlcales honestidad, valores, la oración, confiando en Dios y buscando su orientación.

Y, sean niños o adolescentes, aparta tiempo para hablar con ellos. Interésate por lo que hacen y qué les preocupa. Conoce sus amigos y compañeros de escuela. Pregúntales cómo les fue en la jornada, indaga los peores o mejores momentos de cada día. Revisa y conoce sus tareas, cuáles fueron sus dificultades. Escúchalos atentamente, considera importante todo lo que te dicen; exprésales afecto.

 

Ayude a su hijo en el proceso de aprendizaje, es fundamental para ellos.

 

Cuida tu tono de voz, la posición de tu cuerpo, y cómo los miras cuando hablas con ellos. Valora sus criterios. No recurras al abuso o a la violencia cuando las cosas no se den como esperas.

Una buena comunicación hace que haya confianza, y así, el niño o adolescente será capaz de decir cuando no se sienta bien, lo que permitirá detectar tempranamente algo que le incomode o afecte y si necesita ayuda. Enséñales a no hablar ni permitir la compañía de algún extraño.

Coman juntos y conversen durante la comida. Si están por tomar decisiones, explora con ellos las opciones. Ayúdales a escoger la mejor alternativa y disciernan juntos las ventajas de la opción seleccionada.

No abandones los deberes de familia, por duras que sean las pruebas. Dios ha prometido acompañarte siempre, dándote fortaleza en toda situación.

Cuando no llenas las necesidades de tus hijos ni les dedicas tiempo, te conviertes en un padre ausente, aun estando presente.