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Instructivo para que la parroquia no sea prisionera del inmovilismo

La Congregación del Clero, sin duda inspirada por el ánimo renovador del Santo Padre Francisco, hizo pública esta semana una nueva instrucción para reanimar la vida parroquial, en búsqueda de una mayor y mejor inserción de la Iglesia en las comunidades. 

Es un documento hermoso e inspirador en su primera parte, donde se dan las razones y sueños de la Santa Sede para con la vida parroquial.  

El periodista español Jesús Bastante, responsable de la información religiosa del diario ABC de España y redactor jefe del portal Religión Digital, califica la iniciativa como “inclusiva, evangelizadora y atenta a los pobres”.

MISIÓN. Es importante que las parroquias vean en los pobres la razón de su actividad.

 

Análisis

El documento parte por decir que la parroquia no debe tener su centro en el edificio sagrado donde la comunidad le rinde culto a Dios. Tampoco es, dice, un territorio específico, y esto sí resulta innovador.

¿Cómo entender que la influencia parroquial vaya más allá del área geográfica, que se le ha asignado como jurisdicción?

La Nueva Instrucción señala: “La configuración territorial de la parroquia, sin embargo, hoy está llamada a confrontarse con una característica peculiar del mundo contemporáneo, en el cual la creciente movilidad y la cultura digital han dilatado los confines de la existencia”.

En el mismo párrafo, el documento hace dos explicaciones valiosas: Una, que la vida de las personas se identifica “cada vez menos” con un contexto definido e inmutable, desenvolviéndose más bien en ‘una aldea global y plural’”.

NOVEDAD. Hay que renovar las estructuras parroquiales, pero si se hace sin “espíritu evangélico”, la nueva estructura corromperá otra vez, dice el documento.

La otra es esta: la cultura digital ha modificado de manera irreversible la comprensión, tanto del espacio como del lenguaje y los comportamientos de las personas, especialmente de las generaciones jóvenes.

Por tanto, dice la Congregación del Clero en el referido documento, “la parroquia, como comunidad viva de creyentes, está inserta en este contexto, en el cual el vínculo con el territorio tiende a ser siempre menos perceptible, los lugares de pertenencia se multiplican y las relaciones interpersonales corren el riesgo de disolverse en el mundo virtual, sin compromiso ni responsabilidad hacia el propio contexto relacional”.

Y cierra con esta perla: “la parroquia está llamada a acoger los desafíos del ‘territorio existencial’, para adecuar su propio servicio a las exigencias de los fieles y de los cambios históricos”, por lo que es necesario un “renovado dinamismo”, animados por “el espíritu misionero”.

LO NUEVO. La evangelización debe tomar en cuenta la realidad digital, para ejecutar cambios reales.

No más de lo mismo

Una de las conclusiones que primero llamó la atención del periodista Jesús Bastante es esta: 

“Esto exige que la histórica institución parroquial no permanezca prisionera del inmovilismo o de una preocupante repetitividad pastoral, sino que, en cambio, ponga en acción aquel dinamismo en salida que, a través de la colaboración entre diversas comunidades parroquiales y una reforzada comunión entre clérigos y laicos, la haga orientarse efectivamente a su misión evangelizadora, tarea de todo el Pueblo de Dios, que camina en la historia como familia de Dios y que, en la sinergia de sus diversos miembros, trabaja para el crecimiento de todo el cuerpo eclesial”.

El documento dice: “es importante replantear no solo una nueva experiencia de parroquia, sino también, en ella, el ministerio y la misión de los sacerdotes, que, junto con los fieles laicos, tienen la tarea de ser ‘sal y luz del mundo’”.

Llama la atención que se exija a los presbíteros no convertirse en centro de todo, y menos “ningunear” a los laicos que le puedan ayudar en la labor pastoral y la gestión económica. 

“La parroquia debe evitar el riesgo de caer en una excesiva y burocrática organización de eventos y en un ofrecimiento de servicios”, donde no hay transparencia sobre el uso de recursos económicos, y donde el cura no busca los espacios de participación y comunión de los fieles que integran sus consejos pastoral y económico.

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