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La catequesis: un proceso permanente y progresivo

Cuando se habla de catequesis, muchos piensan en la iniciación del Evangelio de niños y niñas. Pero este estudio no se reduce a la edad infantil. «La catequesis es un proceso de conversión y crecimiento permanente y progresivo en la fe», (p. 998).

Comisión Arquidiocesana de Catequesis

La catequesis es un proceso dinámico, gradual y permanente, que se desarrolla poco a poco. Es un camino para recorrer, dinámico, en constante movimiento, además es gradual, porque pasa por etapas. También es permanente y es un proceso que nunca se termina.

La catequesis «no es, por tanto, una acción facultativa, sino una acción básica y fundamental en la construcción, tanto de la personalidad del discípulo como de la comunidad. Sin ella, la acción misionera no tendría continuidad y sería infecunda, no tendría raíces, además sería superficial y confusa.

La educación permanente de la fe o del proceso de conversión, que se da en cada una de las etapas del proceso catequético, sólo se puede dar en el seno de una comunidad que acompaña y sostiene a los ya iniciados, para que vivan de la Palabra, la eucaristía, la comunión y la misión, y así avancen en la vocación única y universal a la santidad.

«La educación permanente de la fe, a través de la catequesis, se dirige no sólo a cada cristiano, para acompañarle en su camino hacia la santidad, sino también a la comunidad cristiana como tal, para que vaya madurando, tanto en su vida interna de amor a Dios y de amor fraterno, cuanto en su apertura al mundo como comunidad misionera».

La gradualidad en la pedagogía de la fe consiste en secuencializar la acción catequética, de tal forma que: el catequizando se sienta interesado en la catequesis, valore todo lo referente a la experiencia humana y de fe, se susciten en él búsquedas e interrogantes vitales, pueda comprender el contenido del mensaje desde la mediación de la experiencia, y facilite la acción de la gracia que le llama a la conversión.

El catequista es mediador para que Cristo crezca en cada persona, por la acogida y la profundización del evangelio. El catequizando debe implicarse en todo lo que se le propone de forma activa y con creatividad, para aprender haciendo, en todas las dimensiones constitutivas de la educación de la fe.

Luces.  La misión catequética de la Iglesia, a través del quehacer de sus catequistas a lo largo de la historia, constituye una referencia muy rica en modos de hacer, materiales, itinerarios, espiritualidad y modelos de vida (cf IC 44). Pero también los catequistas tienen que responder a la situación, sensibilidad y lenguaje de los hombres y mujeres actuales.

El anuncio del evangelio será el elemento que anime toda la acción catequística. Su transmisión se hará siempre en referencia a los dinamismos personales, relacionales y sociales en que están los catequizandos. Tomar en serio la experiencia humana, consiste en experimentar lo que Jesús propone en el evangelio como cauce de felicidad y compromiso solidario.

 

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