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La vida después de un retiro espiritual

Cuando regresas de un retiro espiritual te encuentras en la típica euforia espiritual que suele producir. 

Pero, si has estado en más ratitos ya te habrás dado cuenta de que ese sentimiento de alegría suele durar poco y después vuelves a lo mismo de antes. 

Pues bien, te gustará saber que no eres el primero en experimentarlo y que, seguramente, tampoco serás el último. Contamos con santos que nos pueden orientar sobre los pasos a seguir cuando los sentimientos empiezan a desvanecerse. 

San Ignacio de Loyola, en sus reglas de discernimiento de espíritus, nos advierte sobre estos altibajos que podemos experimentar en nuestra vida espiritual. 

Si alguna vez te has sentido inflamado por el amor de Dios hasta las lágrimas por un verdadero arrepentimiento o atraído hacia las cosas celestiales deseando la santidad; entonces has experimentado lo que San Ignacio define como “consolación”. 

Sin embargo, si alguna vez has experimentado sequedad en tu vida de oración, o sientes que te atacan para que abandones el camino de la fe; eso es lo que se llamaría «desolación». 

¿Qué se puede hacer con todos estos pensamientos? 

Lo primero que debes hacer es dar gracias al Creador por los beneficios recibidos. Después sugerimos poner por escrito esas gracias en un cuaderno para poder volver a leerlas más adelante. Pero lo más importante es estar prevenido y ser consciente de que este tiempo, con todo lo bueno que parezca, no va a durar para siempre. 

También tienes que intentar perseverar en la paciencia y permanecer firme a los compromisos tomados con Dios durante la desolación. No hagas cambios en las decisiones ya tomadas sin consultar a tu director espiritual. 

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