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Lavatorio de los pies en cárcel de Herrera: un gesto que recordó el verdadero sentido del Evangelio

Lavatorio de los pies en cárcel de Herrera: un gesto que recordó el verdadero sentido del Evangelio

En un ambiente marcado por el recogimiento y la reflexión, la Iglesia Católica celebró este Miércoles Santo la Cena del Señor en el Centro de Custodia y Cumplimiento de Herrera, donde el mensaje del Evangelio se hizo cercano a los privados de libertad a través de uno de los gestos más significativos de la fe cristiana: el lavatorio de los pies.

Por Héctor Muñoz

La celebración fue presidida por Monseñor Rafael Valdivieso, quien compartió con la población penitenciaria una jornada cargada de sentido espiritual, centrada en la dignidad de la persona humana, la conversión y la posibilidad de comenzar de nuevo.

Aunque tradicionalmente este gesto se realiza el Jueves Santo, en esta ocasión se adelantó al Miércoles Santo por razones logísticas del centro penitenciario, sin perder su profundo significado litúrgico y pastoral.

🕊️ Un llamado a la conversión desde lo profundo

Durante su homilía, Monseñor Valdivieso profundizó en el verdadero sentido de la Cuaresma, describiéndola no solo como un tiempo de prácticas externas, sino como un proceso interior de transformación.

Explicó que la conversión no se limita a “dejar algo”, sino que implica revisar el corazón, cuestionar el propio modo de vivir y cambiar actitudes que alejan a la persona del plan de Dios. En ese sentido, recordó que la Pascua no es solo una celebración, sino una invitación constante a “resucitar”, es decir, a renovar la vida.

“El verdadero peligro no es la muerte, porque todos en algún momento vamos a morir, sino vivir sin sentido, estar muertos en vida”, expresó, en una de las frases que más impactó a los presentes.

El obispo también reflexionó sobre el valor de la vida, señalando que es el don más grande que Dios ha dado al ser humano, un misterio que se manifiesta en la alegría, el sufrimiento, los sueños y las caídas. Enfatizó que la vida no se define por lo material, sino por lo que cada persona es capaz de construir, amar y transmitir a los demás.

✝️ El lavatorio de los pies: un gesto que rompe esquemas

Uno de los momentos centrales de la celebración fue el lavatorio de los pies, un gesto profundamente simbólico que remite a lo realizado por Jesús durante la Última Cena con sus discípulos.

En su explicación, Monseñor Valdivieso destacó que, en tiempos de Jesús, lavar los pies era una tarea propia de los esclavos, ya que las personas caminaban por caminos polvorientos y, al llegar a una casa, este servicio era signo de acogida.

Sin embargo, al asumir este rol, Jesús rompe con toda lógica de poder y autoridad, mostrando que el verdadero liderazgo se vive en el servicio. No se trata de imponer, sino de entregarse por los demás.

“El amor no es solo un sentimiento, es una decisión que se traduce en servicio, en estar pendiente del otro, en preocuparse por su vida”, explicó.

En el contexto de un centro penitenciario, este gesto adquiere un significado aún más profundo. Representa la posibilidad de reconocer la dignidad del otro más allá de sus errores, de mirar con compasión y de construir una comunidad basada en el respeto y la fraternidad.

💙 Dignidad, errores y nuevas oportunidades

Otro de los puntos que marcó la homilía fue la reflexión sobre la condición humana. Monseñor Valdivieso señaló que, en muchas ocasiones, las personas son más víctimas que culpables de sus circunstancias, debido a decisiones, entornos o situaciones que influyen en su camino.

No obstante, insistió en que esto no define el final de la historia de nadie.

Recordó que, así como figuras bíblicas como San Pablo transformaron sus vidas tras cometer errores, toda persona tiene la capacidad de levantarse y redirigir su camino.

“La vida no está hecha para quedarse en la caída, sino para levantarse, para crecer, para dar lo mejor de sí”, afirmó.

En ese sentido, subrayó que el verdadero fracaso es renunciar a vivir plenamente, quedarse en la amargura o perder la esperanza.

🙏 Una Iglesia que acompaña y transforma

La celebración contó también con la presencia de autoridades y miembros de estamentos de seguridad, quienes destacaron la importancia del acompañamiento espiritual dentro de los procesos de resocialización, reconociendo que la fe también forma parte del camino de cambio personal.

Para los privados de libertad, este espacio representó mucho más que una actividad religiosa: fue un momento de encuentro, de introspección y de renovación interior.

Con esta acción, la Iglesia reafirma su misión de estar presente en todas las realidades humanas, especialmente en aquellas donde el dolor, el error o la exclusión parecen marcar la vida de las personas.

En este Miércoles Santo, desde el Centro de Custodia y Cumplimiento de Herrera, el mensaje fue claro: la vida siempre puede renovarse, el amor siempre puede reconstruir, y nunca es tarde para comenzar de nuevo.