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Misa Crismal en Chitré: llamado a sanar el corazón y renovar la misión de la Iglesia

Misa Crismal en Chitré: llamado a sanar el corazón y renovar la misión de la Iglesia

La Iglesia diocesana de Chitré vivió con profunda fe y solemnidad la celebración de la Misa Crismal en la Parroquia San Juan Bautista, Catedral de Chitré, uno de los momentos más significativos de la Semana Santa, en el que se bendicen los santos óleos y los sacerdotes renuevan sus promesas ministeriales.

Por Héctor Muñoz

La Eucaristía fue presidida por Mons. Rafael Valdivieso Miranda, obispo de la diócesis, y concelebrada por el Nuncio Apostólico en Panamá, Dagoberto Campos Salas, junto al Arzobispo Emérito de Panamá, José Dimas Cedeño Delgado, y el clero diocesano, en un signo visible de comunión eclesial.

Durante la celebración, se llevó a cabo la bendición de los óleos de los enfermos y de los catecúmenos, así como la consagración del Santo Crisma, elementos esenciales en la vida sacramental de la Iglesia. Estos óleos serán utilizados a lo largo del año en la administración de los sacramentos, como signo de la gracia, el consuelo y la presencia sanadora de Dios en su pueblo.

En su homilía, Mons. Valdivieso centró su reflexión en la dimensión interior de la fe y en la acción sanadora de Dios en la vida de las personas, subrayando que no basta con una salud física aparente, sino que es necesario atender la realidad del corazón humano.

“Hay personas saludables físicamente, pero con un corazón marcado por el desánimo, la tristeza y la pérdida de sentido de la vida”, expresó el obispo, al tiempo que recordó que Dios desea sanar desde lo más profundo del ser humano, devolviendo la esperanza y el sentido a la existencia.

El prelado también destacó el significado del Santo Crisma como signo de consagración y misión. A través de esta unción, explicó, cada bautizado recibe el llamado a vivir la santidad en medio del mundo, desde su propia vocación, ya sea en la vida matrimonial, sacerdotal o consagrada.

Asimismo, hizo énfasis en el papel del sacerdote como instrumento de Dios, llamado a servir a la comunidad desde su humanidad, pero configurado con Cristo para llevar la Eucaristía, el perdón y el consuelo a los fieles. En este contexto, recordó que el sacerdocio no es una vocación aislada, sino una misión que se sostiene en la oración, la cercanía y el acompañamiento del pueblo de Dios.

Durante esta celebración, los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando su entrega y compromiso con la misión que Dios les ha confiado. Este momento representa una renovación espiritual que abarca toda su vida y vocación, recordando el llamado inicial que transformó sus vidas y los impulsó a seguir a Cristo.

Mons. Valdivieso también invitó a los fieles a valorar, acompañar y orar por sus sacerdotes, reconociendo su labor en medio de las dificultades humanas y pastorales. Subrayó que el sacerdote, aunque consagrado, sigue siendo humano, experimentando cansancio, desánimo y desafíos, por lo que necesita del apoyo constante de la comunidad.

Finalmente, el obispo hizo un llamado a las familias a fomentar las vocaciones, recordando que los sacerdotes no “vienen del cielo”, sino que nacen en el seno de hogares donde se cultiva la fe y se responde con generosidad al llamado de Dios.

La Misa Crismal se consolida así como un signo de unidad de la Iglesia diocesana, donde obispo, sacerdotes y fieles renuevan su compromiso de ser una comunidad viva, misionera y portadora de esperanza en medio del mundo.