Metodología participativa con recursos concretos integra liturgia, escucha y evaluación para provocar respuestas personales significativas en cada encuentro.
Por Marianne Colmenárez
Casi 600 catequistas de distintas parroquias de la Arquidiócesis de Panamá participaron en el Encuentro Arquidiocesano de Catequesis realizado este fin de semana, en el gimnasio de la Universidad Santa María La Antigua, bajo el lema “Experimenta, cree y responde viviendo el acto catequético”.
La jornada formativa fue guiada por la catequista costarricense Elvia Abarca, colaboradora del departamento de Formación de la Comisión Nacional de Catequesis de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, quien centró su exposición en la necesidad de planificar cada encuentro catequístico desde el ser, saber y saber hacer del catequista, para provocar una auténtica experiencia humana que conduzca al encuentro con Dios.
“Es necesario que el catequista dedique un buen tiempo para interiorizar, reconociendo la acción de Dios en lo cotidiano. Para provocar una experiencia intensa en la vida de los catequizandos, el catequista es el primero que interioriza la experiencia humana en el encuentro”, expresó en una de sus ponencias.

La propuesta insistió en conectar lo aprendido con la vida diaria y asumir la misión como testigos. Explicó que en cada encuentro deben integrarse la liturgia, la oración, los signos y los símbolos, fomentando preguntas, escucha y participación, dejando siempre espacio a la respuesta personal.
Herramienta práctica
Como parte central de la formación, los participantes recibieron un instrumento para planificar el encuentro paso a paso en nueve momentos.

Este recurso inicia con la ubicación en el tiempo litúrgico que vive la Iglesia, propone la selección del texto bíblico y promueve la preparación espiritual del catequista, recordando que debe existir intimidad con el Maestro para transmitir la fe.
El esquema contempla un eje temático que ayuda a no desviarse del contenido ni anticipar temas futuros, así como un apartado dedicado al contexto de los catequizandos, considerando elementos físicos y simbólicos que forman parte de su realidad.
Esta herramienta de planificación compartida por Elvia, busca facilitar la interacción de todos los que participan en la catequesis, articulando coherentemente la Palabra y el gesto, y concluye con un espacio de valoración para evaluar objetivamente el desarrollo del encuentro.
Experiencia transformadora
El padre Israel Ramos, responsable del Departamento de Catequesis de la Arquidiócesis de Panamá, subrayó la urgencia de transformar la experiencia humana en experiencia de Dios.
“La catequesis tiene que transformar la experiencia humana en experiencia de Dios, no puede ser únicamente transmitir la doctrina. En estos tiempos tenemos que partir de la experiencia humana. El mensaje será el mismo para siempre, el Evangelio, pero hay una crisis de transmisión de la fe”, afirmó.
Añadió que es necesario asumir nuevos paradigmas y aprovechar signos, símbolos, imágenes, artes, la belleza de la naturaleza y la música para facilitar que el mensaje llegue, especialmente a los jóvenes, cuya realidad ha cambiado significativamente.
Habrá encuentros zonales para multiplicar esta formación y aplicar el nuevo instrumento de planificación catequística.
Mitzi de Álvarez, colaboradora del equipo de Catequesis, explicó el proceso previo de adaptación del contenido a la realidad panameña. “Cada vez que viene un expositor revisamos el contenido y tratamos de adecuarlo lo más posible a nuestra realidad. Luego organizamos el material y distribuimos responsabilidades para desarrollar contenidos que aterricen mejor aquí”, comentó.

Destacó que han buscado que las formaciones ofrezcan herramientas concretas más que teoría. “Valoramos mucho esta parte porque por mucho tiempo las formaciones fueron muy teóricas. Ahora buscamos herramientas sencillas que ayuden al catequista a planificar, ser eficiente con el tiempo y evitar la improvisación”, señaló.
También resaltó la importancia de incluir espacios de retroalimentación en los encuentros. “Dábamos mucho contenido y observábamos, pero poco obteníamos la retroalimentación real de los grupos”, indicó, precisando que los encuentros suelen durar entre una hora y una hora y cuarto, y en el caso de los niños entre 40 y 45 minutos.
Realidad Juvenil

Para Roberto Mera, catequista de Confirmación de la parroquia Santísima Trinidad, la metodología ofrece claves valiosas. “Me parece importante sobre todo lo relacionado a conectarse con los jóvenes y su realidad. A veces venimos con una catequesis muy formal, un poco alejada de lo que ellos viven en sus casas”, expresó.
Señaló que cada joven tiene una dinámica familiar distinta, por lo que es necesario considerar ese contexto al abordar cualquier tema.
Además, manifestó el deseo de que se promuevan espacios de renovación espiritual para los catequistas. “Ojalá se pueda hacer un retiro para que todos tengamos este paso nuevamente de encuentro con el Señor. Quien no habla con el Señor no puede hablar de Dios”, concluyó.
