ComunidadLa voz del pastor

PANAMÁ Y COVID-19

+ Fr. José Luis Card. Lacunza Maestrojuan, O.A.R.

Obispo de David

Nadie se imaginaba al comienzo del año que el mundo entero iba a enfrentar una pandemia de las características que estamos viviendo. Y nadie estaba preparado: nos ha pillado totalmente desprevenidos y mirando a los que iban por delante para ver qué medidas daban resultado, cuáles podían aplicarse y cuáles no. Muchas medidas han sido producto del “ensayo y error”.

Y ahora ¿qué? Me permito compartir algunas reflexiones:

En primer lugar, todos los órganos y administraciones del Estado deben hacer un esfuerzo extra, la “milla extra” que tanto nos gusta, por trabajar unidos, para sacar adelante al Pueblo, en este momento tan crítico, creo que el más crítico de nuestra historia, buscando el bien común, principalmente el de los más pobres y vulnerables, salvaguardando, en la medida de lo posible, todos sus derechos individuales. Es hora de dejar a un lado intereses de cualquier índole personalista o partidista y, sobre todo, de dejar fuera de circulación la búsqueda de prebendas, canonjías, manejos corruptos o provechos económicos a la sombra de la pandemia. Y también dejar de lado las banderías políticas que, aunque legítimas, en este momento deben ceder al interés supremo de Panamá. Ahora como nunca necesitamos actuar con transparencia, altura de miras, solidaridad y conciencia de Patria.

Por otro lado, en este momento crucial para todos, los empresarios deben tener una conciencia muy delicada para ayudar a sus trabajadores: no, por estar impedidos de trabajar a causa de la cuarentena, les despidan de sus trabajos o les suspendan su contrato laboral durante el tiempo de la pandemia. Obrar así no es humano, y mucho menos cristiano. «El sálvese quien pueda no es la solución. Una empresa que despide para salvarse… no es una solución. Más que despedir, hay que acoger y hacer sentir que hay una sociedad solidaria. Son los grandes gestos que hacen falta», reclamó el Santo Padre en una entrevista el 23 de marzo. Y en la Carta dirigida a los Dirigentes de los Movimientos Populares, el 12 de abril, Domingo de Pascua, señalaba: «Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento… y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y cristiana: ningún trabajador sin derechos».

No sería justo dejar por fuera un reconocimiento sincero y lleno de gratitud a tantos y tantas que, en el ámbito de la Salud y de la Seguridad, se la han jugado y se la siguen jugando por el bien de todos, posponiendo su propio bienestar y el de sus familias. Creo que, el día que esto termine y podamos respirar tranquilos y abrazarnos como hermanos, lo primero que deberíamos hacer, sin nombres ni apellidos, es un homenaje de gratitud a tantos héroes y heroínas que se vistieron la camiseta de Panamá. Yo les levantaría un monumento en la Cinta Costera que recordara a todas las generaciones que “solidaridad es el verdadero nombre de Panamá” y así no nos dejemos atrapar por el “virus de la indiferencia” y que «este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse». (Carta Papa Francisco Dirigentes Movimientos Sociales).

Creo que también es digna de aplauso la actitud de sacerdotes, diáconos, religiosas, agentes de pastoral, que, con toda clase de herramientas, presenciales unas, virtuales otras, no han dejado de acompañar al pueblo en medio de la pandemia. Respetando las reglas sanitarias dictadas por las autoridades competentes, sigamos haciendo todo lo que esté a nuestro alcance por estar cerca del Pueblo para el cual existimos.

Finalmente, una oración al Señor de la vida y de la historia por todos los que han fallecido víctimas del Covid-19 y por los que todavía están en proceso de infección: Señor, no dudamos ni de tu amor ni de tu misericordia y por ello, ponemos en tu Corazón a todos los hermanos y hermanas fallecidos durante esta pandemia, a todos los que sufren la pérdida de sus seres queridos y a todos los que padecen la enfermedad. Por intercesión de María, tu Madre, Salud de los Enfermos y Consoladora de los Afligidos, atiende nuestras humildes súplicas. 

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