Durante la multitudinaria festividad en honor a Jesús Nazareno de Atalaya, Monseñor José Domingo Ulloa abordó temas eclesiales y nacionales, resaltando la esperanza cristiana, la soberanía de Panamá y la justicia social.
Por Marianne Colmenárez
Desde Atalaya y bajo un calor sofocante, en el Primer Domingo de Cuaresma, el Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, reflexionó sobre temas de gran relevancia para la Iglesia y la nación, instando a los fieles a no permanecer indiferentes.
“Hoy, a los pies de Jesús Nazareno de Atalaya, venimos a reafirmar que somos peregrinos en esperanza, caminantes en busca de Jesús. Con nuestros pies cansados, pero con el corazón ardiendo, venimos a encontrarle”, expresó ante los devotos que, movidos por su fe, soportaban las altas temperaturas.

En primera persona, el prelado reconoció los tiempos difíciles que se viven: “Muchos se sienten desanimados y sin rumbo. Y aunque experimentemos crisis, sufrimientos y dificultades personales y colectivas, hoy la Palabra de Dios nos recuerda una verdad fundamental: ¡La esperanza no defrauda! Porque la esperanza cristiana no es un simple deseo optimista ni una ilusión pasajera. Es una certeza basada en la fidelidad de Dios, que nunca abandona a sus hijos”.
Como el Buen Pastor, Ulloa exhortó a los fieles a animar a quienes están desalentados, recordándoles que Dios tiene un plan para cada uno. “La esperanza se fortalece en la comunión con Dios. Que esta peregrinación fortalezca nuestro espíritu, renueve nuestra fe y nos haga más conscientes de nuestra misión como cristianos”, añadió.
También hizo un llamado a ser signos visibles del amor y la misericordia divina. “Nuestra presencia, nuestra palabra y nuestra mirada deben transmitir esperanza, especialmente a quienes más lo necesitan: los privados de libertad, los enfermos, los jóvenes, los migrantes, los ancianos, los pobres y las víctimas de la injusticia”.

Un mensaje para Panamá y el mundo

Antes de finalizar su homilía, el arzobispo abordó la compleja realidad nacional e internacional. Advirtió que vivimos tiempos de grandes cambios y crisis simultáneas que impactan no solo a Panamá, sino al mundo entero.
Se refirió a la creciente confrontación geopolítica entre potencias como China, Estados Unidos y Rusia, señalando que la disputa va más allá de la hegemonía y busca el control de recursos vitales como metales, agua y tierras raras. Además, alertó sobre la proliferación de conflictos armados que no pueden ser ignorados.
En este contexto global, subrayó el papel de América Latina, a la que San Juan Pablo II llamó “el continente de la esperanza”. Aseguró que la región no puede conformarse con ser solo víctima o espectadora.
Defensa de la soberanía panameña
Uno de los puntos más contundentes de su mensaje fue la defensa de la soberanía de Panamá, ante recientes cuestionamientos internacionales. “Panamá ha sido blanco de ataques y cuestionamientos inaceptables, incluyendo la afrenta de poner en duda nuestra soberanía sobre el Canal”, manifestó con firmeza.
“Panamá es soberana e independiente, y no aceptamos injerencias ni dudas sobre nuestro derecho a decidir nuestro futuro”, afirmó entre aplausos de los presentes.
Con igual énfasis, expresó su rechazo a cualquier intento de minimizar el sacrificio de la juventud panameña el 9 de enero de 1964. “La soberanía no se mendiga, se defiende. Es momento de alzar la voz y recordar al mundo que somos dueños de nuestro destino. La defensa de Panamá no es solo un discurso, sino un compromiso activo de cada ciudadano. Unidos, reafirmamos nuestro derecho a un país libre, soberano y justo”.
Reformas urgentes y justicia histórica
El arzobispo también abordó la necesidad de una reforma integral de la Caja de Seguro Social, señalando que el pueblo panameño no quiere soluciones parciales ni intereses políticos o económicos por encima del bien común.
“Exigimos pensiones dignas, acceso equitativo a la salud y un sistema más humano y eficiente”, declaró.
Aseguró que es fundamental cambiar la lógica de la imposición y la violencia por un diálogo inclusivo que involucre a todos los sectores, especialmente a los históricamente excluidos. Instó a quienes tienen poder de decisión a actuar con responsabilidad y visión de país.
En otro tema crucial, celebró la reapertura del caso del Padre Héctor Gallego, sacerdote desaparecido en la dictadura, destacando su legado de lucha por los pobres. “Tras más de cincuenta años de incertidumbre, reabrir su caso es un acto de justicia y reconciliación. Es la oportunidad de conocer la verdad sobre su desaparición. La Iglesia panameña ha exigido justicia no solo por Héctor, sino por todos los desaparecidos cuyas voces aún claman desde el olvido”, expresó.
Mensaje a docentes y estudiantes

Antes de concluir, envió un mensaje a docentes y estudiantes en el inicio del año escolar el lunes 10 de marzo.
A los educadores, les recordó que su labor es una siembra constante: “Nunca olviden que cada semilla que siembran en el corazón de un alumno germina, aunque no siempre veamos los frutos de inmediato. Enseñar en tiempos difíciles es como sembrar en terrenos pedregosos, pero con paciencia y dedicación, la tierra se vuelve fértil. Dios se encarga de dar fecundidad a cada esfuerzo”.
A los estudiantes, los animó a enfrentar el año con determinación y deseos de aprender, recalcando que su educación es el pilar del futuro de la nación. Asimismo, exhortó a los padres de familia a asumir su rol fundamental en el proceso educativo, promoviendo un aprendizaje integral para cada niño y joven.