ComunidadEducación

Realidades de la educación panameña

En pandemia

  • REALIDAD. Hay escuelas que ofrecen la plataforma digital, pero los maestros no están capacitados para estas metodologías.
  • ESCUELAS. Algunas escuelas particulares han cerrado por no contar con un mínimo de presupuesto para gastos operativos y de planilla.  
  • INTERNET. Un concepto de ciencia ficción, el libro y tablero son lujos prescindibles, para darle prioridad a comer una o dos veces al día.  

MONTGOMERY A. JOHNSON MIRONES, OCDS 

Ante las múltiples realidades que vivimos en Panamá, donde se acentúan las profundas diferencias entre distintos sectores de la población: según su ubicación geográfica, poder adquisitivo, conectividad digital, y muchos otros factores. Hablar de la educación panameña y sus características es muy difícil.  Algunos pueden caer en la tentación de juzgar sin conocer la realidad del maestro o de los niños y jóvenes.  Es más fácil hacer esto sin contribuir a una solución, que opinar con sustento y brindando soluciones.  

Para dar una enseñanza académicamente, promoviendo el aprendizaje analítico, significativo y autónomo, los maestros deberían contar con un mínimo de condiciones que favorezcan este trabajo.  Entre los recursos didácticos ideales, que todo maestro desea contar a su disposición: libro, versión digital del libro, computadora con internet estable, tablero de marcador con opción a tablero electrónico, proyector de video con audio incorporado, disposición de su plantel de ofrecerle todos los útiles de oficina que requiera, así como de materiales artísticos, y más.

En tiempos de pandemia, siguiendo la premisa descrita previamente, el maestro querrá un espacio cómodo de trabajo en su vivienda, con una señal de internet estable y un buen equipo de audio y video que le facilite su labor ante las extenuantes horas viendo una pantalla y usando un teclado.  Después de este arduo trabajo, el maestro querrá poder relajarse desde la tarde del viernes hasta la mañana del lunes para luego retomar. Querrá conectarse con su familia, dedicarles tiempo a ellos y a sí mismos, alimentar su fe con las eucaristías y otras acciones pastorales ofrecidas en plataformas digitales.

En estos medios, tanto maestros como estudiantes seguirán trabajando: enseñando y aprendiendo sin parar, con un horario escolar que imita mucho al escolar presencial. Habrán comprobado que la labor del maestro no se extingue jamás. Metafóricamente, la escuela se ha convertido en un pilar de estabilidad dentro de un mar de incertidumbre emocional, sanitario y económico. La educación jamás ha parado, y hasta tareas tienen, exámenes trimestrales han presentado, y se les incluyó una sobradamente merecida semana de receso.

Y ¿para aquellos que este “mundo ideal” no deja de ser una utopía y espejismo de una realidad de universo en paralelo? Sí, la otra versión de la historia para muchos es que sus escuelas particulares han cerrado por no contar con un mínimo de presupuesto para gastos operativos y de planilla.  Otras carecen de plataformas digitales estables, o que no reúnen las exigencias necesarias para subir y compartir tareas, asignaciones y otras necesidades técnicas. Para otros, la escuela ofrece la plataforma digital, pero los maestros no están capacitados para estas metodologías. Y, seamos francos, la bibliografía que usamos actualmente no está diseñada para enseñarse en un ambiente 100% digital.

Una realidad, más cruda, es para aquellos que no cuentan ni con una escuela de estructura sólida, ni condiciones de infraestructura segura, menos con energía eléctrica, muchos de sus niños llegan a la escuela sin haber probado un desayuno, sin zapatos o uniforme limpio. Los maestros habrán cruzado campos, trochas y ríos para llegar a su aula. El internet parece ser un concepto de ciencia ficción, el libro y tablero son lujos prescindibles, para darle prioridad a comer una o dos veces al día.  

La herramienta didáctica más grande que tienen los maestros en esta realidad será su vocación innata, la creatividad de enseñar con pocos o ningún recurso, el de transformar objetos o útiles de la vida diaria en instrumentos de enseñanza, batallan no solo contra la dureza de su entorno, sino también ante el hambre y la inaccesibilidad. Los niños de este ambiente reciben como un héroe al maestro en su comunidad, y sus enseñanzas se convierten en tesoros que defienden con amor y el cariño más sincero.

No es que la vocación de un maestro sea diferente según el ambiente en que trabaje, pero estos maestros son los que ejemplifican más la letra del Himno del Maestro, y más iluminan con la fe y sabiduría que viene de lo Alto. 

Artículo anterior

¿Y ahora qué viene para nuestra relación?

Siguiente artículo

¿Qué pasa si mi papá nunca ha estado?