Espiritualidad

Señor, ¿qué quieres de mí?

Discernimiento

  • En las Sagradas Escrituras es lo relacionado íntimamente con la capacidad de escuchar, acoger y buscar, el llamado de Dios.
  • Para San Pablo es la búsqueda constante: “Transfórmense interiormente con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios”.
  • En la espiritualidad ignaciana: “¿Qué he hecho por Cristo?, ¿Qué estoy haciendo por Cristo? y ¿Qué debo hacer por Cristo?”  

P. JHASSIR PACHECO 

El discernimiento vocacional inicia cuando colocamos a Jesús en la posición más alta de nuestras prioridades, dejando que la pregunta que nos guie sea “Señor ¿qué quieres de mí?”.  Cuando el querer de Dios está por encima de nuestro querer, entonces hemos empezado a discernir vocacionalmente.

“Para discernir la propia vocación, hay que reconocer que esa vocación es el llamado de un amigo: Jesús. A los amigos, si se les regala algo, se les regala lo mejor. Y eso mejor no necesariamente es lo más caro o difícil de conseguir, sino lo que uno sabe que al otro lo alegrará. Un amigo percibe esto con tanta claridad que puede visualizar en su imaginación la sonrisa de su amigo cuando abra su regalo. Este discernimiento de amistad es el que propongo a los jóvenes como modelo si buscan encontrar cuál es la voluntad de Dios para sus vidas” (ChV n. 287)

El discernimiento vocacional en las Sagradas Escrituras es relacionado íntimamente con la capacidad de escuchar, acoger y buscar.

  1. Escuchar:

En el Antiguo Testameento el discernimiento se comprende como el proceso de escucha a Dios. La escucha es una acción indispensable para el discernimiento vocacional. La primera solicitud que hace Dios a su pueblo es: “escucha, Israel” (Dt 6,4). Dios anuncia que el cumplimiento de la promesa, de la tierra prometida, inicia por la escucha. La escucha es presentada por Dios como garantía de felicidad.

La escucha en la Biblia es la disposición interior de una persona ante Dios en el silencio y en el diálogo. 

Escuchamos cuando hacemos silencio. “Este silencio no es una forma de aislamiento, porque hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades, pero que lo lleva a una vida mejor” (ChV n. 284)

Escuchamos cuando dialogamos. La escucha es un diálogo íntimo con Dios. Escuchar es dejarse abrir el oído por Dios. El salmista nos comparte esta experiencia al decir: “Me has abierto el oído… entonces yo digo: aquí estoy… Deseo cumplir tu voluntad, Dios mío.” (Sal 39,7-9). 

  1. Acoger: 

En los evangelios se nos muestra la acogida al querer de Dios en la persona de Jesús cuando dice: “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mt 6,9). Al respecto, Benedicto XVI dijo: “En las palabras de esta petición aparecen inmediatamente claras dos cosas: existe una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros que debe convertirse en el criterio de nuestro querer y de nuestro ser”. Esta pequeña petición llega a su máxima expresión en el Getsemaní: “que no se haga mi voluntad sino la tuya“(Lc 22, 42). En el hágase de Jesús, encontramos la acogida al deseo del Padre. Él es el modelo mejor del discernimiento de la Voluntad de Dios.

  1. Buscar: 

San Pablo nos presenta el discernimiento como búsqueda: “No se acomoden a este mundo, por el contrario, transfórmense interiormente con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios” (Rm 12,2). La búsqueda supone siempre movernos y desinstalarnos. Jesús nos pregunta:  ¿Qué buscan? (Jn 1,38). La promesa de Jesús es clara: “busquen y encontrarán” (Mt 7, 7). Para encontrar la vocación hay que buscarla. 

El discernimiento vocacional no busca seguir a los otros o seguirse a sí mismo, sino seguir a Jesús. Por eso es preciso que nos hagamos estas tres preguntas sugeridas por la espiritualidad ignaciana: “¿Qué he hecho por Cristo?, ¿Qué estoy haciendo por Cristo? y ¿Qué debo hacer por Cristo?”. 

El discernimiento vocacional es para todos los cristianos, pero principalmente para los jóvenes, sobre todo por la necesidad de descubrir la vocación específica que Dios quiere para sus vidas (vocación al ministerio ordenado, laical o religiosa).

Para un adecuado discernimiento, se requiere tener un encuentro  vivo con Jesucristo, vivir un proceso, ser acompañado vocacionalmente (sacerdote, religiosa o laico), elaborar un proyecto de vida y tomar decisiones vocacionales.

Dios sueña con nuestra felicidad, pero este gozo nos llega cuando encontramos la perla preciosa de nuestra vocación. El discernimiento vocacional es una experiencia de fe que debemos vivir. 

Artículo anterior

Desnutrición, la dura realidad de esta pandemia

Siguiente artículo

Papa Francisco dona termómetros a Panamá