Cuidar a los hijos antes de un divorcio implica mantener una comunicación respetuosa entre los padres, evitar involucrarlos en discusiones o problemas de pareja y asegurarles que el amor hacia ellos no cambiará.
Redacción
“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré”. Mateo 11, 28.
No podemos llamarnos a engaño y desviar la mirada hacia otro lado. El divorcio es una realidad que ha ido en aumento según las estadísticas de todos los países.
Si esta situación, que nadie esperó ni deseó, se dio en tu vida al hacerse insostenible la convivencia, o por haber ignorado los signos de alarma que se dieron poco a poco hasta que la cuerda averiada por las situaciones no aguantó más y se rompió, se trata de una ruptura dolorosa. Una herida que lesiona no solo a la pareja, sino también a cada miembro de la familia.
Desestabiliza el núcleo familiar, produce lesiones de todo tipo: físicas, sociales, mentales y espirituales; dolor, duelo, quebranto, combate, desafíos. Cada uno sintiendo a su manera el desgarro en su corazón, desde su posición dentro del rol familiar.
Actuar con madurez, empatía y responsabilidad permitirá que el proceso, aunque difícil, cause el menor impacto posible en su desarrollo y bienestar.

Si las cosas no resultaron como esperaban, o como deberían ser, no culparse uno al otro ni convertir los encuentros o las conversaciones en un campo de batalla permanente y que los hijos sientan ese trato. Ellos no son los culpables de los errores o desacuerdos que originó la separación entre ambos, pues la culpa siempre es de ambos cónyuges. Que no vivan peores momentos a los ya vividos. Evítales mayores tempestades para que no naufraguen.
El duelo en los hijos es más aceptable y superable si hay acuerdos cordiales entre sus progenitores. Vivir en familia el proceso de duelo es sostenerse.
No tomen a sus hijos como bastión de lucha o venganza. Nunca siembren en su corazón el odio hacia el otro progenitor. Que el afecto del hijo por ese otro no se vea alterado. Es mejor no agredirse, más bien busquen apoyo para reconocer la culpa y perdonarse uno al otro. Es necesario construir una verdadera paz y un medio familiar que cure las heridas y logren ser felices todos.
Nunca abandonen a su suerte a esos seres vulnerables, que son sus hijos. Ellos son el fruto del amor que existió entre ambos.
Como padres, mantengan la responsabilidad de todo lo que atañe a su crianza y educación. El compromiso con ellos no termina con el divorcio. Sus necesidades continúan siendo las mismas, con igualdad de derechos.
Ellos siempre serán sus hijos. Necesitan del amor y cariño que puedan brindarles, cada vez que los tengan a su lado. Ámenlos, protéjanlos hasta que logren su autonomía. No los suman en el olvido, como si no existieran. Hoy son ellos los que necesitan de ustedes. Piensen en las vueltas que da la vida.
No pueden cambiar la historia, pero sí pueden hacer que esta nueva etapa de la vida familiar produzca satisfacciones, con la ayuda de Dios. Descansen en Dios todas sus preocupaciones y dificultades. Él nunca abandona. Si aún están a tiempo de luchar por su relación de pareja, busquen ayuda. Resuciten juntos a una nueva vida conyugal y familiar sana.
