DiócesisPrelatura de Bocas del Toro

Ser solidarios con el hermano

Un grupo de jóvenes del Colegio Agustiniano de Madrid, España se encuentra de visita en Panamá, específicamente en la Prelatura de Bocas del Toro para hacer vida el servicio social agustino, mediante el cual realizan labores sociales, entre ellas, recolección y distrbución de alimentos, recaudación de fondos mediante algunos eventos, como el festival solidario, con el cual se obtiene dinero para implementar varios proyectos en esta región de nuestro país.
Este año la labor se ha desarrollado de dos formas: la primera son las clases de reforzamiento y enseñanza a los alumnos de las escuelas de Milla 3, Milla 5 y Milla 7½, localizadas en Almirante.
Todos los días, durante tres semanas, en grupo de tres jóvenes, visitan las escuelas para compartir las jornadas de clase dejando allí su tiempo y algunos libros de cuentos para fomentar la lectura.
La segunda forma de colaboración es el mejoramiento de las instalaciones de la Capilla de Santa María, de Palmas Bellas, que posee un centro de formación de espiritualidad y humana, disponible a todos.
Uno de los principales motivos que les hizo recorrer más de 9000mil km para llegar hasta Bocas del Toro fue el alejarse de sus realidades colmadas de confort, y el poder adentrarse en un mundo que hasta el momento era completamente ajeno a sus vidas, donde lo que era imprescindible, ya sea el agua en el grifo, la electricidad o la tecnología en general, ya no son tan prioritarios, y en su lugar se ha potenciado el aprender a convivir, nuestra autonomía y disfrutar del entorno.
“A pesar de tener como objetivo aportar a la comunidad de Almirante, lo que realmente hemos hecho ha sido llevarnos el apoyo de la comunidad, de los niños, el pasar tiempo con ellos y mejorar como personas en todas los aspectos posibles”, señalan los jóvenes.
La comunidad de Milla 3 no tiene electricidad y hasta la segunda semana buscaban el agua en un pozo, han tenido jornadas de trabajo desde muy temprano en la mañana, hasta el mediodía con los niños en las escuelas, y luego en las tardes pasarlas cargando tierra, cemento, y agua para hacer aceras.
Después de esta experiencia se podría afirmar que cada uno se lleva alguna lección de vida que aplicar a su realidad social, como que lo material no debe prevalecer sobre la familia, la ilusión de aprender presente en los niños de Almirante, que les recibían con una gran sonrisa todos los días, y la capacidad de la gente de las comunidades de hacer frente a las adversidades con la mejor actitud posible.

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