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Sin heridas, el secreto de un matrimonio inquebrantable

Sin heridas, el secreto de un matrimonio inquebrantable

La clave de un matrimonio duradero no es la ausencia de conflictos, sino la decisión consciente de no herirse mutuamente.

 

Frank Suárez / @franksosterapias

Una pareja celebraba sus bodas de diamante, 60 años de matrimonio. En medio del festejo, alguien le preguntó a la esposa, de 82 años:

—¿Qué les ha permitido llegar hasta aquí?

Ella, con sencillez y profundidad, respondió:

—Yo creo que ha sido porque jamás nos hemos herido. Aunque hubo desacuerdos y problemas, cuidamos que, por nada del mundo, nos lastimáramos.

Esta reflexión encierra un principio esencial: el matrimonio, cuando se elige con amor y compromiso, se convierte en uno de los caminos más gratificantes de la vida. No está exento de desafíos, pero puede ser un refugio de paz si ambos cónyuges aprenden a cultivar la empatía y el perdón.

 

 

Un regalo para el alma

Perdonar en pareja no solo es un acto de misericordia hacia el otro, sino también un regalo de paz para uno mismo. Liberarnos del peso del resentimiento permite que el amor y la comprensión prevalezcan. Efesios 4:32 nos recuerda:

 

“Sed bondadosos y compasivos unos con otros, perdonándoos mutuamente, así como Dios os perdonó a vosotros en Cristo”.

 

Sanando heridas con amor

Las parejas que se lastiman con frecuencia ponen su relación en una suerte de “terapia intensiva”.

Para sanar, es esencial crear un espacio seguro donde ambos puedan expresar sus sentimientos sin miedo a ser juzgados o rechazados. A veces, el primer paso hacia el perdón es reconocer el daño causado y recordar que el matrimonio es un vínculo de unidad: si uno sufre, el otro también.

El perdón no significa olvidar o minimizar lo ocurrido. Es un proceso que requiere tiempo, esfuerzo y, en muchos casos, apoyo externo a través de la oración, la terapia o la dirección espiritual.

Pedir la guía de Dios nos ayuda a ver a nuestra pareja con ojos de misericordia y a valorar las fortalezas de nuestra relación, más allá de los momentos difíciles.

 

Las parejas que se hieren con frecuencia ponen su relación en “terapia intensiva”.

 

Matrimonio y misericordia

Después de perdonar, el siguiente paso es fortalecer la relación: mejorar la comunicación, establecer límites sanos, cultivar la paciencia y, sobre todo, practicar la gratitud. No se trata solo de evitar el daño, sino de construir activamente un amor más sólido.

La misericordia es un don que se recibe y se comparte, un pilar fundamental en la vida conyugal. Dios nos enseña a amar con incondicionalidad, y ese es el gran reto del matrimonio: reflejar, en la cotidianidad, el amor infinito con el que Él nos ama.