Los hombres de la posmodernidad hemos apostado por la dispersión, nos hemos olvidado de la interioridad para volcarnos hacia el exterior, rehuimos los silencios, tenemos miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos. Hemos aprendido a ser felices en el sentido más biológico que pudiera imaginarse, una pobre y ramplona felicidad que hemos fabricado a nuestra medida pensando que no hay otra, pero en…

