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Buscar el bien común a largo plazo

FRANCISCO J. ESPINO GONZÁLEZ

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En estos últimos años, los poderes económicos se han destacado en hacer ajustes comerciales e imponer sanciones.  Al parecer no existen otros procedimientos para destacarse mientras vivimos en una pandemia mundial.  Además, de afrontar las consecuencias del cambio climático.  Somos testigos de la indiferencia de gobiernos de algunos países hacia los convenios internacionales sobre el medio ambiente natural y de aplicar los compromisos que con urgencia se necesitan.  Al parecer, nadie quiere dejar de ser potencia económica y si por esto implica abandonar o salirse de estos convenios, entonces renunciamos a los mismos; sin darse cuenta que al final todos salimos perjudicados.

El Papa Francisco, por medio de la encíclica Laudato Sí, sobre el cuidado de nuestra casa común, reconoce que los movimientos ecológicos, organizaciones ambientales han enriquecido con sus aportes y acciones a toda la humanidad.  No obstante, por falta de disposición política, no se llegan a alcanzar acuerdos realmente significativos y eficaces para con el ambiente (LS.166 ss).   Agrega, el Papa Francisco, que los países pobres necesitan tener como prioridad la erradicación de la miseria y el desarrollo social de sus habitantes.  Por eso, las cuestiones relacionadas con el ambiente y con el desarrollo económico, ya no se pueden plantear solo desde las diferencias entre los países, sino que requieren prestar atención a las políticas nacionales y locales, (LS.176).  Mientras el orden mundial existente se muestra impotente para asumir responsabilidades ambientales, la instancia local puede hacer la diferencia.  Pues allí se puede generar una mayor responsabilidad, un fuerte sentido comunitario, una especial capacidad de cuidado, una creatividad más generosa y un entrañable amor a la propia tierra, (LS.179).

CASA COMÚN. La prioridad es la erradicación de la pobreza y el desarrollo social de la población.

El Papa Francisco nos dice: … un marco político e institucional no existe solo para evitar malas prácticas, sino también para alentar las mejores prácticas; para emular la creatividad que busca nuevos caminos.  Para facilitar las iniciativas personales y colectivas, (LS.177ss).   

Para la Iglesia, la grandeza política se muestra cuando en momentos difíciles se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo, por lo que se debe tomar en cuenta la dignidad de toda persona, ser solidarios y apoyarlas en todo momento.  Un cristiano no debe involucrarse en solitario, tiene que hacer posible la participación solidaria de los demás.  La participación real de todos es el núcleo de la justicia de participación; que a su vez, es en realidad un factor esencial de la justicia social. (docat 99ss). Al tratarse de temas relacionados al medio ambiente, en un lugar o comunidad determinada debemos exigir la total participación ciudadana o comunitaria en la toma de decisiones.

La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida y alienta un estilo de vida profética y contemplativa, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo.  La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad porque se puede vivir con libertad y conciencia.  En realidad, quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar de lo más simple.   

El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica la capacidad de convivencia y de comunión con Jesús, el cual nos recordó que tenemos a un Dios padre común y eso nos hace a todos hermanos, (LS. 222 ss).

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