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Estoy a la puerta y te llamo, ábreme

Estoy a la puerta y te llamo, ábreme

En medio del ruido diario, de las preocupaciones que agotan y de las tentaciones que distraen el corazón, muchas veces dejamos de escuchar lo verdaderamente importante para nuestra vida.

 

Redacción

 

Apocalipsis 3,20: “Mira que estoy a la puerta y llamo: si uno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo”.

Jesús te hace una invitación directa, no importa en qué situación de vida estés, Él puede hacer un giro en ti de hoy en adelante, para que camines sabiamente y le sirvas. Jesús toca a tu puerta. Escuchas su voz.

Quizás está lloviendo o hace un día soleado. Es de mañana, tarde o noche. O tal vez sea uno de esos días grises en tu vida en que te sientes sin deseos ni de levantarte, como suele ocurrir en ocasiones. Es tu acción de aceptación y apertura la que le permitirá entrar o no.

 

Detengámonos en los verbos. En todos hay acción. Las acciones de Jesús: Estar. Llamar. Entrar y comer contigo. Tus acciones hacia Él son: Mirar, escuchar, abrir y comer con él. El Señor te dice: “Mira” o mejor aún, “Mírame”. Dirige tus ojos hacia mí para que tomes conciencia de Mi Presencia.

 

Para mirar, necesitamos ejercer la voluntad. En la mirada transmitimos emociones y también intenciones. Es un acto que trasciende. Es una conexión emocional y afectiva. Jesús te dice: “fija tu mirada en la cruz signo de mi gran amor por ti. Detente frente al crucifijo y recórrelo todo. Permanece en silencio mientras te hablo. Mírame en el Santísimo Sacramento, en donde me he quedado en ese pedacito de pan y en el vino, que es mi sangre”.

En medio del ruido diario, de las preocupaciones que agotan y de las tentaciones que distraen el corazón, muchas veces dejamos de escuchar lo verdaderamente importante. Sin embargo, hay una voz constante y paciente que no deja de llamar. Puedes escuchar la voz de Dios en una alabanza. En la naturaleza. En la oración. En una misa bien escuchada.

Leyendo la Biblia, obtienes respuesta a todas las preguntas. Guía las relaciones con los demás y los roles a desempeñar en la vida. Los salmos te ayudan a vaciar tus estados de ánimo.

Tener un encuentro verdadero con Dios es apertura. Dar ese paso entre un lugar y otro. Dejar atrás una etapa de la vida o una situación.

Abrir la puerta del corazón a Jesús es permitir su entrada. Vaciarse de cosas del mundo para que Jesús entre y lo renueve y, de esta forma, poderle servir.