Cientos de fieles vivieron con fervor y recogimiento la procesión de la Borriquita, evocando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
Por Marianne Colmenárez
Palmas en alto, cantos y oraciones marcaron el paso de la tradicional procesión de la Borriquita que reunió a familias enteras en el Casco Antiguo, de la ciudad de Panamá.
En la misa de las 4 pm, celebrada en la Iglesia Nuestra Señora de La Merced, Fray Javier Maña, religioso mercedario invitó a los presentes a ir más allá de la emoción del momento. “Este Domingo de Ramos es una invitación, a cada uno de nosotros a preguntarnos ¿Soy un discípulo, sólo en el momento de emoción y alegrías o también en momentos de la difícil prueba”.

También exhortó a transformar los signos externos en compromisos reales, señalando que, «esas palmas que hoy llevan en las manos deben de convertirse en compromisos que salgan del corazón».
Tradición que se vive en familia
Tras la eucaristía, la Hermandad de la Borriquita partió desde la iglesia Nuestra Señora de la Merced hasta la Catedral Basílica Santa María La Antigua. Como es tradición, los niños encabezaron la procesión, evocando la entrada triunfal de Jesús.
El recorrido fue acompañado por la banda del colegio Francisco Ignacio Castillero de Guararé, los jóvenes marcaron el ritmo de la caminata aportando solemnidad a la jornada.

Rafael Vargas, uno de los cargadores, describió la experiencia como un camino de entrega. “Ha sido increíble lo vivido, porque ese dolor en los hombros que ocasiona el peso, se transforma en una alegría inmensa al llegar al Domingo de la Resurrección”.

Entre los más jóvenes, Iker Ramírez, de 13 años, también vivió con entusiasmo esta tradición junto a su padre. “Este es mi segundo año, ha sido una experiencia muy bonita y divertida, me gusta caminar y apoyar a la Iglesia”.

El adolescente compartió además su motivación personal durante la jornada. “Le pedí a Jesús que me ayude a obtener buenas notas en la escuela y le dé mucha salud a mi familia”.
La procesión de la Borriquita forma parte de la Semana Santa Internacional y, una vez más, evidenció una fe viva que se expresa con fuerza en las calles y en el corazón de los creyentes.
