Con el apoyo de los fieles han culminado un proyecto que trasciende lo estético para convertirse en un pulmón espiritual para la comunidad.
Por Marianne Colmenárez
La parroquia de Santa Ana reabrió recientemente la capilla del Santísimo tras un proceso de remodelación que ha renovado no solo el espacio físico, sino también la vivencia espiritual de sus feligreses.
Este lugar, destinado a la oración silenciosa y al encuentro con Cristo presente en la Eucaristía, se consolida como un punto de referencia para quienes buscan fortalecer su fe en medio del ruido y preocupaciones de la vida cotidiana.

“Sentimos que necesitaba acondicionarse un poco más. Estaba funcional, pero observamos que algo faltaba. Gracias el apoyo de algunos hermanos que nos exhortaron a ver cómo podíamos mejorar la capilla, nos decidimos a remodelarla”, afirmó el padre Anel Sánchez, párroco de la comunidad.
Los trabajos realizados durante semana y media implicaron pintura, adecuación de altares, luminaria, el nicho para la custodia, la urna y mejoras en el sistema eléctrico. El proyecto fue posible gracias al aporte de los fieles y representó una inversión aproximada de 4,500 dólares.
Compraron alfombras nuevas, mientras que las bancas, restauradas hace dos años, solo recibieron limpieza ya que se mantienen en muy buen estado.
“Todo fue intenso y un poco más exigente porque estábamos en la semana previa a la Semana Mayor. Incluso, en los días santos hubo que trabajar también para tenerla lista el Domingo de Resurrección”, destacó el párroco.
La elección de esta fecha no fue casual, ya que buscaban ese momento significativo para la bendición, respondiendo al anhelo de la comunidad que esperaba con ansias la reapertura.

Un mandato que transforma
El Catecismo de la Iglesia Católica, en su numeral 1418, recuerda que “la visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor”.

Se trata de una práctica altamente recomendada por su valor espiritual y su impacto en la vida del creyente. En este sentido, el padre Anel asegura que tener un lugar como este, es como un anticipo del cielo.
“En medio de tantos afanes, tantas situaciones de conflictos que se viven a diario en nuestros sectores, este espacio nos da paz, nos invita a seguir luchando y a recargar nuestras fuerzas para continuar con la vida”, añadió.
La capilla permanece abierta desde las 5 y media de la mañana hasta las 10 de la noche. “La presencia de fieles es constante a lo largo del día. Vemos una o quizás hasta cuatro personas orando, ellas son un signo de una oración constante”, destacó.
El valor del silencio
Entre los bancos de la renovada capilla se encuentran historias de fe inquebrantable, como la de Martha Denzine, de 75 años. Esta fiel asiste diariamente no para pedir favores, sino para agradecer o contemplar simplemente en silencio.
“Yo nunca ando pidiendo a Dios, solo le agradezco por todo lo bueno y lo malo. Un día, estando aquí, me habló; sentí que me dijo déjame hacer lo que tengo que hacer. Él conoce los problemas de sus hijos”, dijo Martha con fe firme.

A pesar de su edad, esta fiel adulta mayor trabaja en “camaroncitos para subsistir”; diariamente pasa por la capilla para saludar al Santísimo y seguir su camino. Su amor por el templo es tal que, al ver las mejoras, manifestó que desea conseguir una aspiradora, así sea viejita, para limpiar cada vez que se pueda.
Por su parte, la hermana Alma Huerta, religiosa scalabriniana, ofrece una perspectiva teológica sobre el sentido de la adoración, subrayando la importancia del silencio como forma de oración.
“Si alguien no sabe qué hacer frente al Señor, el silencio es suficiente. No es necesario sentir algo extraordinario, pues el silencio también es oración”.
Ella invitó a no desanimarse ante la falta de sentimientos extraordinarios en la oración, asegurando que, aunque muchas veces digamos no siento a Dios, lo siento lejos, Él siempre está ahí cerquita de nosotros.
“Llegará un momento en el cual vamos a comprender que ese que nos ha hablado y acompañado ha sido nuestro Padre”, añadió.
Desconexión digital para la conexión espiritual
“Hoy en día, en la era digital, nos distraemos constantemente. Al llegar a un sagrario nos desconectamos y entramos en el corazón de Jesús, en su presencia, en ese diálogo con Él”, expresó Brenda Yao, del grupo Juventud 2000 Eucarísticos.
Desde su experiencia, la adoración se convierte en la base del compromiso cristiano. “Sin esa alimentación espiritual y comunicación con el Señor no podemos brindar el cien por ciento, nos distraemos en muchas cosas”, advirtió.
Aseguró que este encuentro marca una diferencia en su vida diaria. “Visitar al Santísimo es tener una relación íntima con Jesús. Allí encontramos el todo para transformar nuestras vidas”, afirmó.
