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Monseñor Ulloa: “Panamá no puede entenderse sin la presencia viva de los afropanameños”

Monseñor Ulloa: “Panamá no puede entenderse sin la presencia viva de los afropanameños”

Monseñor José Domingo Ulloa destacó el aporte histórico, cultural y espiritual de los afrodescendientes a Panamá.

 

Por Héctor Muñoz 

En el marco de la Solemnidad de la Santísima Trinidad y la clausura del Mes de la Etnia Negra, la Catedral Basílica Santa María la Antigua acogió este domingo la tradicional Misa Afro, presidida por Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, quien destacó el invaluable aporte de los afrodescendientes a la construcción de Panamá y llamó a fortalecer una sociedad más inclusiva, justa y fraterna.

 

La Trinidad como modelo de unidad

Durante su homilía, el Arzobispo de Panamá reflexionó sobre el misterio de la Santísima Trinidad como modelo de convivencia para la humanidad, destacando que en Dios existe una perfecta comunión donde la diversidad no genera división.

“Distintos, pero nunca distantes”, expresó Monseñor Ulloa al explicar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en unidad plena, ofreciendo un ejemplo para construir una sociedad donde las diferencias culturales, étnicas y sociales sean motivo de enriquecimiento mutuo y no de confrontación.

Según indicó, la Trinidad enseña que la verdadera grandeza nace cuando las personas aprenden a convivir, respetarse y enriquecerse mutuamente, especialmente en un mundo marcado por divisiones, prejuicios y heridas históricas.

 

El aporte afrodescendiente a la construcción de Panamá

El prelado recordó que la historia de Panamá está profundamente marcada por la presencia y contribución de los pueblos afrodescendientes, cuya huella permanece en la cultura, la fe, la educación, el deporte, las artes y la identidad nacional.

“Panamá no puede entenderse sin la presencia viva de los afropanameños”.

Monseñor Ulloa reconoció el esfuerzo y sacrificio de generaciones que contribuyeron al desarrollo del país, desde los tiempos de la esclavitud hasta la construcción del ferrocarril y el Canal de Panamá.

Asimismo, destacó la riqueza espiritual que los afrodescendientes han aportado a la Iglesia mediante su testimonio de fe, sus tradiciones, su sentido comunitario y su capacidad de mantener viva la esperanza incluso en medio de las dificultades.

Recordó además que numerosas comunidades han sostenido la fe a través de sus expresiones culturales, el fortalecimiento de los lazos familiares y la confianza en Dios aun en circunstancias adversas.

 

Un llamado a la justicia y la inclusión

Monseñor Ulloa subrayó que la celebración del Mes de la Etnia Negra no debe reducirse únicamente a expresiones culturales o folclóricas, sino convertirse en una oportunidad para promover la justicia, la igualdad de oportunidades y el respeto a la dignidad de toda persona.

“Celebrar esta fecha es un acto de memoria, de gratitud y de justicia”, señaló.

El Arzobispo recordó que reconocer la historia y las contribuciones de los pueblos afrodescendientes permite avanzar hacia una sociedad más reconciliada y consciente de la dignidad de cada ser humano.

También reiteró la necesidad de seguir promoviendo políticas y acciones que favorezcan la inclusión, el acceso a oportunidades educativas, el desarrollo económico y la participación ciudadana de todos los sectores de la sociedad.

 

Un país donde nadie se sienta extranjero

En otro momento de su mensaje, Monseñor Ulloa invitó a construir un país donde nadie se sienta extranjero en su propia patria y donde cada persona encuentre espacio, voz y dignidad.

“La diversidad no divide cuando está fundada en el amor”, afirmó.

Asimismo, valoró la puesta en marcha del programa “Iglesias Vigilantes”, impulsado por el Servicio de Protección Institucional (SPI), como una iniciativa que busca fortalecer la seguridad preventiva, la convivencia pacífica y la colaboración entre las comunidades, las iglesias y las autoridades.

Al concluir la celebración, agradeció el aporte histórico de los afrodescendientes a la nación panameña y exhortó a las nuevas generaciones a continuar trabajando por una sociedad más fraterna y solidaria.

“Que Panamá nunca permita que el odio, el racismo o la indiferencia destruyan nuestra convivencia; que sepamos caminar como un solo pueblo, con muchos rostros, muchos acentos y muchos colores, pero con una sola dignidad: la de ser hijos de Dios”, concluyó.