El Domingo del Mar recuerda el rostro humano de quienes viven del océano y la misión cercana de Stella Maris Panamá.
Marianne Colmenárez
Mientras millones de personas reciben mercancías que llegan por vía marítima, pocos piensan en quienes pasan meses lejos de casa para hacer posible ese intercambio. Con motivo del Domingo del Mar, la Iglesia vuelve la mirada hacia esos hombres y mujeres que, antes de ser trabajadores, son personas con dignidad, hijos e hijas de Dios que nunca pueden quedar ocultos tras la carga que transportan.
El mensaje de este año del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, titulado “Más allá de la carga y el comercio: el rostro humano del mar”, invita a reconocer la realidad de los trabajadores marítimos, marcada por la soledad, la incertidumbre y, en muchos casos, por conflictos que los mantienen largos periodos alejados de sus familias.
El prefecto del dicasterio, el cardenal Michael Czerny, recuerda que la Iglesia está llamada a “acompañar, escuchar, consolar y defender la dignidad humana”, haciendo visible la cercanía de Cristo allí donde navegan muchos hermanos.
Ese llamado encuentra eco en Panamá a través de Stella Maris, la Pastoral del Mar.
Llegaron para fortalecer el acompañamiento
Hace apenas un año, con la llegada de los misioneros scalabrinianos, comenzó una nueva etapa para reforzar la atención a marinos internacionales y comunidades pesqueras artesanales.
El sacerdote Oskar Kefi, misionero scalabriniano originario de Indonesia, explica que el trabajo ya existía gracias al padre diocesano Justino Carrasquilla, actual capellán del Servicio Nacional Aeronaval, pero la presencia de la congregación permitió ampliar el alcance de esta pastoral.

“Nosotros enfocamos más la misión hacia la comunidad internacional y también en la comunidad pesquera artesanal”, señala.
El sacerdote reconoce que ingresar a los puertos representa uno de los mayores desafíos. “Estamos tratando de seguir colaborando con las autoridades portuarias y las empresas para hacerlo posible. La seguridad de cada puerto y los permisos para entrar a encontrarnos con los marinos internacionales no es fácil”.
Sin embargo, el padre Oskar insiste en que la misión no termina en los muelles. “No solamente hablamos de ese marino internacional que llega aquí a tierra, sino también del pueblo pesquero. Realmente necesita la atención de Stella Maris Panamá.
Como parte de la celebración del Domingo del Mar, el lunes 13 de julio, la Pastoral del Mar celebrará una Eucaristía en el puerto PSA Panamá International Terminal, presidida por el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta.
Consolar en los momentos más difíciles

La misión de Stella Maris también se hace presente cuando la tragedia golpea a quienes viven del mar.
El sacerdote Kefi recuerda dos experiencias recientes con tripulaciones filipinas que llegaron a Panamá tras perder a uno de sus compañeros durante la navegación. “Subimos al buque, dimos la bendición y pudimos encontrarnos con los marinos afectados para darles una palabra de consuelo ante la perdida de un compañero de labores”.
Destaca que, en otro caso, falleció el capitán de la embarcación. “Ofrecimos ese momento espiritual de consuelo antes de que la Fiscalía retirara el cuerpo. Son gestos sencillos, pero que para quienes pasan meses lejos de sus familias significan encontrar un hogar en medio del océano”.
Una presencia que devuelve esperanza
Rodrigo Rodríguez, capitán de Marina Mercante, conoce de cerca las exigencias de esta profesión. “Uno de los desafíos más duros de la vida en el mar es la separación de la familia. Muchas veces el marino se pierde cumpleaños, enfermedades, aniversarios y momentos importantes de sus hijos o de su esposa. Eso pesa emocionalmente”.
Agrega que, aunque esté rodeado de tripulantes, muchas veces lleva preocupaciones por dentro y debe seguir cumpliendo con sus responsabilidades.
“Como católico, saber que Dios también está presente en el mar ayuda a mantener la fortaleza, la calma y la esperanza. La Pastoral del Mar nos recuerda que no estamos solos, que la Iglesia nos ve, nos acompaña y acoge. Un lugar donde pueda recibir una palabra de ánimo, orar o simplemente sentirse en casa puede significar mucho”.

En Puerto Caimito
La misión de la Pastoral del Mar también acompaña a las comunidades pesqueras. La comunicadora social panameña, Glenda Amaya, recuerda con dolor la tragedia ocurrida en Puerto Caimito. El pasado 15 de mayo desapareció su primo, el capitán Gaspar Ponce, mientras que otro de sus primos, Denis Ponce, perdió la vida tras el naufragio de la embarcación Anchovetas II.
“Nunca había visto un acompañamiento tan impresionante de la comunidad a través de la fe. Más de 600 personas permanecieron junto a la familia, mientras decenas de pescadores suspendieron durante una semana sus labores, afectando incluso su economía, para participar en la búsqueda; lamentablemente Gaspar nunca apareció”, afirma Amaya.
Para Glenda, aquel gesto reflejó el profundo respeto que la comunidad siente por quien fue maestro de varias generaciones de pescadores.
Este año, la novena en honor a Nuestra Señora del Carmen, patrona de Puerto Caimito, estará marcada por la ausencia y el dolor. Por ello, el misionero scalabriniano Mario Geremia, en representación de Stella Maris Panamá, impartió una bendición este sábado 11 de julio en el Mirador del Mar.

La comunidad ya reconoce la cercanía de los misioneros scalabrinianos, quienes han acompañado a las familias en diferentes momentos. Para Glenda Amaya, este gesto de fe ha sido un paso importante en el proceso de sanar la pérdida.
“Nos reconforta saber que nuestro Gaspar ha sido recibido bajo el manto protector de la Virgen, en esas mismas aguas que tanto conoció su Hijo Jesús. Cerrar ciclos es terapéutico para quien vive el duelo”, expresa.
Aunque su cuerpo no descanse bajo la tierra, confía en que el mar que tanto amó también puede convertirse en un lugar de descanso y esperanza.
