El Congreso Internacional sobre Salvaguarda de Personas Sordas concluyó con un llamado a derribar las barreras de comunicación, fortalecer la protección de las víctimas de abuso y promover comunidades donde la acogida, la formación y la corresponsabilidad sean el camino hacia la sanación.
Karla Díaz
La última jornada del Congreso Internacional sobre Salvaguarda de Personas Sordas dejó un llamado claro a la protección y la sanación de las víctimas de abuso son una responsabilidad compartida que exige derribar barreras de comunicación, fortalecer la formación y promover una auténtica cultura del cuidado.
Durante las exposiciones, Mary Ann Barth destacó que el primer paso para acompañar a una persona sorda que ha sufrido maltrato es garantizar que se sienta segura, con una comunicación clara y el apoyo de intérpretes calificados, evitando que familiares asuman ese rol, salvo que la propia persona lo solicite.
También subrayó la necesidad de romper barreras en los sistemas de salud, justicia, atención psicológica y acompañamiento espiritual, donde con frecuencia no se consideran las necesidades específicas de las personas sordas.

Por su parte, el padre Joseph Mulcrone invitó a vivir una verdadera conversión pastoral, entendida como la capacidad de reconocer los dones de cada persona y construir comunidades donde también las víctimas puedan encontrar un espacio de acogida, respeto y participación.
Entre las conclusiones del encuentro, los organizadores de Deaf Catholic World Alliance International (DCWAI), recordaron que este congreso nació al constatar que, en distintos países de América Latina, numerosos jóvenes sordos compartían experiencias de abuso, lo que motivó la creación de este espacio de formación y sensibilización.
Asimismo, agradecieron el trabajo de los intérpretes y resaltaron las palabras del arzobispo de Panamá, Mons. José Domingo Ulloa, quien insistió en la importancia de visibilizar la realidad de la comunidad sorda y fortalecer una comunicación accesible a través de los medios.
El encuentro concluyó reafirmando que la organización, la formación y la toma de conciencia son claves para seguir construyendo comunidades más seguras e inclusivas.
