En la clausura de la XLVI Feria Nacional de Artesanías bendijo las manos de artesanos en reconocimiento a su trabajo y legado.
Por Marianne Colmenárez
«Tú artesano, artesana, eres el guardián de la identidad de nuestra nación». Con esta afirmación, el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, reconoció la misión de quienes preservan los saberes ancestrales durante la misa televisada de clausura de la XLVI Feria Nacional de Artesanías, celebrada este 2 de agosto en el Centro de Convenciones Atlapa.
Como parte de la celebración, el arzobispo bendijo y ungió las manos de varios artesanos, un gesto con el que agradeció el trabajo de quienes mantienen vivas las tradiciones del país y representan a tantos hombres y mujeres que sirven a Panamá desde sus distintos oficios.

La feria se desarrolló del 29 de julio al 2 de agosto bajo el lema Herencia Saberes Ancestrales. En esta edición reunió a 677 artesanos de todo el país, además de un corredor gastronómico, módulos de exhibición y venta, así como la participación de 290 agrupaciones folclóricas.
Durante la homilía, monseñor Ulloa recordó el pasaje de la multiplicación de los panes y destacó que todo comenzó con la mirada compasiva de Jesús hacia las personas. Explicó que esa enseñanza también ilumina el trabajo de los artesanos. “Detrás de cada pieza se encuentra la historia de una familia, la sabiduría de los abuelos, el esfuerzo de una comunidad y el deseo de que las nuevas generaciones nunca olviden sus raíces”.

Al recordar el recorrido que realizó por la feria el pasado miércoles, comentó que descubrió mucho más que sombreros pintados, molas, cerámicas, tallas de madera, tejidos y trabajos en fibras naturales.
«Descubrimos el alma de Panamá, me impresionaron las manos de quienes las estaban elaborando; esas manos también nos hablan de Dios», manifestó.
Esa reflexión lo llevó a recordar que Jesús también fue artesano y pasó gran parte de su vida trabajando junto a san José en el taller de Nazaret. «Jesús conoció el peso de las herramientas, el esfuerzo del trabajo diario y la alegría sencilla de contemplar una obra bien hecha», señaló.

Monseñor Ulloa exhortó a los panameños a valorar el trabajo artesanal más allá del precio de cada pieza. «Cuando adquirimos una artesanía panameña no compramos simplemente un objeto. Apoyamos a una familia, fortalecemos una comunidad y ayudamos a que nuestra identidad siga viva».
Al concluir la eucaristía, bendijo y ungió las manos de varios artesanos, destacando que ese gesto representaba también las manos de agricultores, pescadores, maestros, enfermeras, médicos, albañiles, ingenieros, padres y madres de familia, así como de todos aquellos que hacen del trabajo un servicio generoso al bien común. «Hoy no vamos a bendecir solamente unas manos, vamos a dar gracias porque Dios sigue necesitando manos humanas para continuar sus milagros», concluyó.
