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Abrazando mi cruz

Nuestros sufrimientos toman lugar también en la Crucifixión de Cristo.

“Cristo no responde directamente, ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo”, (San Juan Pablo II, Salvifici Doloris, 26).

Asocia tu vida con la cruz de Cristo. Jesucristo asocia nuestra aceptación de la cruz a la suya. Su cruz es nuestra cruz, la que él nos envía es la suya y la nuestra.

Resultaría en vano vivir tu pasión, tu cruz, tu sufrimiento, tu enfermedad, tu dolor, tu crisis, tu problema en el trabajo o en tu casa, tu problema con tus hijos, sin contemplar a Jesús colgado en la cruz y sin asociar todo lo que sufres asociado a Él.

El proceso de adaptación de tomar esta cruz cuesta. Aceptar su cruz, discernirla, soportarla con perseverancia. De ahí brota la paciencia y la esperanza, la libertad de los hijos de Dios. Jesús nos dice con su cruz: “Ven, toma parte con tu sufrimiento en mi obra. A medida que tomes tu cruz, que me ofrezcas tu dolor, esa enfermedad, esa pérdida, ese dolor que te arranca el alma, la ausencia de ese ser querido, esto en esa medida uniéndote a mi cruz, encontrarás la paz interior y me encontrarás a mi…»Y en el conocimiento de la verdad seréis libres, «(Juan 8,32).

Date tiempo de meditar en la experiencia de la ausencia del Padre que sufrió el mismo hijo de Dios. Cuántas veces nosotros y de nuestro prójimo, ¿Experimentamos la ausencia de la presencia de Dios? ¿Cuántas veces me he sentido en soledad? Ofrece tu cruz y abrázala cómo lo hace Jesucristo todos los días.

Hoy, mira a tus seres queridos, platica con ellos, con tu pareja, de corazón a corazón, sin juzgarle ni recriminarle. Destraba eso que en tus relaciones te impide reconciliarte y da ese primer paso. Haz por tu parte, esta Semana Santa y de Pascua, sea un momento de Reflexión, de Paz, de Reconciliación, de Perdón y de Misericordia.

 

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