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Abuelos: entre el amor y el abandono

Abuelos: entre el amor y el abandono

San Joaquín y santa Ana inspiran una mirada urgente hacia quienes envejecen sin compañía ni cuidados. La creciente soledad de muchos adultos mayores interpela a las familias y recuerda que acompañarlos sigue siendo el mayor acto de amor.

 

Por Marianne Colmenárez

Cada 26 de julio la Iglesia celebra la memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Su fiesta recuerda el lugar privilegiado que ocupan los adultos mayores dentro de la familia como transmisores de la fe, la experiencia y los valores. 

Esta fecha también invita a mirar una realidad que interpela a la sociedad panameña, donde el abandono de las personas mayores va en aumento.

Entre enero de 2025 y enero de 2026, el Centro de Orientación y Atención Integral del Ministerio de Desarrollo Social registró 353 casos de personas mayores en situación de abandono. Detrás de esa cifra hay historias de enfermedad, soledad y vínculos familiares rotos que, con frecuencia, terminan en las salas del Hospital Santo Tomás, donde algunos pacientes permanecen hospitalizados porque nadie vuelve por ellos.

 

Alrededor de diez adultos mayores residen en el Hospital Santo Tomás. La Iglesia apoya con sus albergues, pero ya no tienen capacidad. 

 

También existen familias que hacen todo lo posible por permanecer al lado de sus seres queridos. Una de ellas es la de Ramiro Herrera, de 67 años, quien desde hace dos meses viaja casi todos los días desde Las Uvas de San Carlos hasta el Hospital Santo Tomás para acompañar a su esposa Noris Ureña, de 76 años, hospitalizada por una enfermedad que poco sabe explicar, pero que afecta sus piernas y movilidad. 

 

Con su mochila al hombro, Ramiro llega cada día desde Las Uvas de San Carlos.

Ramiro es artesano y fabrica muebles para sostener su hogar, sin embargo, ha dejado de trabajar para poder viajar a la ciudad y estar presente durante el horario de visitas. Solo en transporte gasta cerca de veinte dólares diarios, sin contar la alimentación y los medicamentos que puedan hacer falta.

 Aunque desconoce cuándo su esposa recibirá el alta, asegura que no piensa abandonarla. “Rezo todos los días por su mejoría. Hay que mantener la fe porque sé que Dios hace sus milagros. La curará en su tiempo, sus hijas, que también le visitan, y sus casi 15 nietos le esperan en casa”, dice convencido.

Ese testimonio contrasta con las historias que llegan diariamente al Departamento de Trabajo Social del Hospital Santo Tomás. Allí, las trabajadoras sociales acompañan a personas mayores que enfrentan la enfermedad sin recibir una sola visita.

 

La vida en las calles acelera el deterioro de muchos adultos mayores y profundiza su vulnerabilidad.

Vicios, enemigos en la vejez

Carolina de Coloma, subjefa del Servicio de Trabajo Social, explica que el abandono no siempre ocurre de la forma en que la mayoría imagina.

 “Muchos de estos pacientes vivieron durante años en situación de calle, alejados de sus familias por problemas de alcohol, drogas o violencia. Cuando envejecen y su salud se deteriora, son encontrados por el 911 y trasladados al hospital. Es entonces cuando comienza una investigación con el Tribunal Electoral para localizar familiares que, en ocasiones, llevan décadas sin tener contacto con ellos”.

Carolina de Coloma, trabajadora social del HST.

Destaca que, cuando localizan a los hijos, confirman que sí es su papá, pero es un desconocido, pues no existe ese vínculo afectivo que permita reconstruir la relación.

A pesar de este panorama, Coloma insiste en que sería injusto afirmar que todas las familias abandonan a sus adultos mayores. “Tenemos abuelitos muy bien cuidados y con familiares presentes siempre”, resalta.

 Recuerda, incluso, a personas de pobreza extrema que permanecen día y noche en los alrededores del hospital; muchos viven en provincias lejanas y no tienen dinero para regresar a casa mientras esperan noticias de sus seres queridos.

 

Familia: guardiana del futuro

Para Gloriela Medina, jefa del Servicio de Trabajo Social, la solución no depende únicamente de las leyes ni de la construcción de nuevos albergues. 

Gloriela Medina, jefa del servicio de Trabajo Social.

A su juicio, el verdadero cambio comienza mucho antes, dentro de los hogares, fortaleciendo los vínculos familiares y formando hijos capaces de asumir la responsabilidad de cuidar a quienes un día cuidaron de ellos.

Para ambas profesionales urge fortalecer la familia. Advierten que crear más albergues sin atender el origen del problema podría alimentar una cultura del descarte, donde las personas mayores sean vistas como una carga y no como miembros valiosos de la familia.