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La ancianidad, tiempo de gracia

La ancianidad, tiempo de gracia

Hoy estamos llamados a dar un lugar digno a nuestros abuelos, a escucharlos más y cuidarlos con cariño. 

 

Mons. Edgardo Cedeño Muñoz/Obispo de Penonomé

La Palabra de Dios ha acompañado e iluminado la historia humana. Siempre ha estado allí, aportando y orientando el caminar del Pueblo Santo y fiel de Dios. Sus enseñanzas son siempre actuales y profundas. Son portadoras de sabiduría, ricas experiencias y guía espiritual. Fue escrita para todos y cada uno, para todas las épocas y situaciones concretas. Su lenguaje interpela y cuestiona los comportamientos que se desvían del buen camino, acompañan con sabios consejos y siguen profetizando esperanza. 

Sí, en ella encontramos infinidades de personajes bíblicos que han dejado huellas, como los abuelos de ayer, de hoy, del mañana, que han aportado a cada generación grandes contribuciones y siguen hoy aportando, quizás más invisibles que antes, pues no queremos envejecer. Hasta ocultamos las canas, pero el tiempo no se detiene; avanza y nos envuelve sin ninguna prisa.

 

Entonces la Palabra de Dios nos dice al respecto: “Delante de las canas te levantarás, honrarás el rostro del anciano, de tu Dios tendrás temor” (Levítico 19,32).

 

Ciertamente la Palabra de Dios nos invita a recordar que la vida es un don sagrado que madura con el paso del tiempo. Aquí nos detenemos para contemplar con gratitud a los abuelos, su sabiduría que se fortalece por la experiencia de vida, el esfuerzo de mantener los valores, así como las tradiciones, y eso los convierte en guardianes de la cultura. Son la memoria histórica viva del amor de Dios en la familia y en la sociedad actual.

Hoy estamos llamados a dar un lugar digno a nuestros abuelos, a escucharlos más, a disfrutar su presencia, a acompañarlos y cuidarlos con cariño. Que cada bautizado honre a los adultos mayores, todos ellos son nuestros abuelos; entonces seremos una Iglesia que conserva viva la memoria. Que santa Ana y san Joaquín, padres de la Virgen María, nos acompañen siempre.