Opinión Clero

Acompañar en la soledad

José-Román Flecha Andrés

Este año 2020, ante este momento tan doloroso causado por el COVID-19, es preciso recordar la invitación de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28). 

Profundizando en el misterio de su persona y participando de su muerte y resurrección, podremos acompañar a cuantos sufren por esta pandemia con la esperanza que procede de Cristo resucitado. 

En su Mensaje para la Jornada del enfermo, el Papa Francisco decía que estas palabras de Jesús nos “indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre”.

En la célebre homilía que pronunció el día 27 de marzo, con motivo de la bendición “urbi et orbi”, el Papa recordaba el episodio de la tempestad calmada por Jesús. Y decía que “el Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor”.  

Aquella tarde, el Papa Francisco nos hacía caer en la cuenta de “que estamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos”. Y así es. La pandemia nos ha hecho ver que todos necesitamos ser cuidados, acompañados y consolados. 

Junto a nuestros obispos, agradecemos a los sacerdotes, diáconos, y personas implicadas en la pastoral de la salud, la acogida y el alivio que prestan a todos los enfermos, cansados y agobiados. 

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