DiócesisVicariato Apostólico del Darién

Antorchas de la fe en tierras de misión

Con la llegada de los símbolos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) al Vicariato Apostólico de Darién, palpamos el trabajo por la obra de Dios que realiza un grupo de hermanas misioneras, que marcan la diferencia en esta tierra donde se mezcla la fe y la diversidad cultural de grupos indígenas, afrodescendientes y campesinos. Ellas son las Hermanas Marilam.

La hermana misionera María Humberta Díaz, nos contó que su congregación nace en Honduras- de donde son originarias todas las misioneras – y llevan en La Palma Darién, diez años.

Su cometido es ser misioneras ad-gentes, dedican su tiempo a evangelizar a las familias, niños y jóvenes y apoyan en el caminar pastoral. Más allá de las fronteras estas hermanitas fortalecen la vida pastoral en la Iglesia de todos los grupos.

Hacen largas travesías por el río para llegar a las comunidades donde llevan su misión y comparten con quienes por ahora no se apegan al compromiso pero, que poco a poco se hacen parte de la Iglesia.

Junto a otras dos hermanitas, la hermana María Humberta espera que se den muchos frutos en esta región, por lo que trabajan para fortalecer con el carisma que poseen, en una comunidad que necesita de la palabra de Dios.

Su carisma: “ser presencia del amor misericordioso entre aquellos más alejados que no han oído hablar del evangelio de Dios”, es el impulso que las motiva cada día.

La Hermana reconoce que la misión en esta región no es fácil, pero está feliz de aportar un granito de arena con esta labor. Ver la diversidad de culturas en esta tierra les permite conocer, entender a todos y apoyarlos en sus procesos pastorales.

“Ha sido una experiencia maravillosa, trabajamos con todos los grupos, cada una de las hermanitas apoyamos a todas las pastorales indígenas, afrodescendientes y campesinos, nos dividimos las tareas para trabajar con cada grupo en esta zona misionera y así vamos construyendo el reino de Dios”, explicó la religiosa.

Asegura que lo más difícil en este ministerio es que se espera que la gente responda más a lo que se les plantea, que se involucren en el servicio de la Iglesia; razón por la cual afirma que se está trabajando y dando la milla extra por el pueblo.

De la década que la congregación lleva de presencia en Darién, la hermana María Humberta tiene tres años de misión, en los que ha vivido ricas experiencias.

Afirma que hay muchos desafíos para llegar a las comunidades, donde palpan las realidades que se viven en estas tierras; pero, a pesar de las piedras en el camino, confirmó que está enamorada de la región, que le encanta la misión que realizan y que espera poder seguir aportando ese granito de arena para hacer llegar el Evangelio a todos.

“Sigamos siempre adelante en esa búsqueda de Dios, es Él quien nos guía, no nos desanimemos, podemos pensar que no hay respuesta, pero, no dudemos que la gracia de Dios permanece en nosotros y cada uno de nosotros, somos el medio que usa para hacer llegar su obra a los demás”, exhortó

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