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¡Aprender! o ¿Recordar?

La sociedad estigmatiza a un estudiante “regular” y vivimos bajo el estereotipo que los que más saben son los que tienen nota alta en las materias científicas más que las humanistas.

Prof. Montgomery A. Johnson Mirones, ocds

Maestros y profesores: ¿qué es lo que queremos lograr que nuestros alumnos hagan, conozcan y sean? Alumnos: ¿por qué te esfuerzas o no en tus estudios? Son preguntas motoras que nos deben servir de reflexión y punto de partida para revisar el alcance de nuestro trabajo.

Aunque la pedagogía ha cambiado drásticamente, aún persiste ese fantasma de un maestro banquero que no interviene siquiera en la formación integral del joven estudiante, sino que solo deposita y retira conocimientos.

Dar información es lo más fácil que se puede hacer. El arte y ciencia de la enseñanza es la que transforma contenidos complejos y aparentemente abstractos o sin sentido práctico en una experiencia memorable que cause aprendizaje significativo y logre calar cognitivamente en los jóvenes. El maestro es el que hará atractivo ese conocimiento, no solo lo enseñará, sino que más que eso lo facilitará.

La práctica y uso constante favorece la memorización.

Para un alumno, a veces lo más fácil será memorizar ese contenido del cual luego se hará un retiro. Pero todos sabemos lo traicionero que puede ser la memoria, y para quienes dependan de este sistema, sin ser grandes memorizantes teóricos, pasarán un arduo trabajo.

Esto principalmente sucedía cuando solo se reconocía que la educación era cuestión de “saber conocer”. Como hoy en día, al menos hay 4 tipos de saberes más: de hacer, de ser, de convivir, de emprender incluso; no nos podemos quedar en lo sólo teórico. De no ser así, estaríamos ignorando las inteligencias múltiples y una formación humana superficial que no cubre las diferentes facetas de la vida humana.

Sin embargo, todo proceso de enseñanza-aprendizaje requiere un nivel de recordar información, cuya única forma de adquirirlo por la memoria, pero por la práctica y uso constante será de fácil recordación. El maestro es quien proporcionará los medios metodológicos para hacer que la adquisición de esos conocimientos sea de la forma más eficiente posible y no solo por la repetición de palabras o números. Hablamos de información básica en todas las materias: las tablas de multiplicar, las provincias de Panamá, fechas históricas, localización geográfica, oraciones, etc.

El maestro es el que hará atractivo ese conocimiento, no solo lo enseñará, sino que lo facilitará.

Hoy en día, en la era digital, hay que tener cuidado de no poner nuestro cerebro perezoso, porque ya ni las fechas de cumpleaños ni números telefónicos nos queremos recordar, sino que el dispositivo móvil y redes sociales lo hacen por nosotros. Por eso es importante seguir ejercitando estos procesos mentales de recordar información, y es válido para niños de pre escolar hasta ciudadanos mayores.

¿Pero qué pasa cuando los padres solo quieren ver “resultados” en la forma de un gran número 5? No queremos que nadie repruebe con una nota menos de 3.0, y no podemos permitir la mediocridad o irresponsabilidad. Sin embargo, no se imaginan el daño que se ocasiona cuando se obliga a solo dar resultados, olvidando que el aprendizaje es un proceso. Es como irse de paseo, dormir todo el camino o distanciarse dentro de un aparato electrónico y perderse todo el viaje.  La nota no lo es todo, es importante para graduarnos, pero si de verdad queremos aprender, tenemos que recordar que ese numerito no nos garantiza que hayamos aprendido de verdad.

Hoy, en la era digital, hay que tener cuidado de no poner nuestro cerebro perezoso.

Todos deben aspirar a ganar notas altas, pero no obtenerlas no debe ser causal de estrés en los niños jamás. Hay jóvenes con problemas de ansiedad, no solo porque quizá los papás solo le exijan resultados, no los han educado a reconocer sus errores y aprender de ellos sino pelearlos. También el sistema obliga a los maestros a rendir informe, si alguno reprueba, probablemente le echen la culpa; la sociedad estigmatiza a un estudiante “regular” y vivimos bajo el estereotipo que los que más saben son los que tienen nota alta en las materias científicas más que las humanistas. Puede ser, pero no siempre es así, porque un 5 en Religión debe valer –cualitativamente- tanto como un 5 en Trigonometría o Educación física.

Esto no es una competición de quien tiene mejor desarrollada la memoria. Tampoco es quien se pelea más por un 5, algunas veces con un fin numérico justificándose los medios para obtenerlo, sino quién al final aprendió más y es mejor persona.

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