Laicos

Clave Interpretativa

Cuando nos encontramos perdidos es importante buscar puntos de referencia y evitar seguir caminando en círculos, podemos caer en pensamientos circulares, que son ideas que aparecen en nuestra mente y no llevan a ninguna solución.

Hoy día es indudable que se han presentado situaciones que han provocado que algunos definan estos tiempos como de confusión. Esta confusión o inestabilidad mental, puede provocar pensamientos mezclados o desorganizados, comportamientos extraños o agresivos.  Además, puede provocar una dificultad para resolver problemas o para hacer tareas que solían ser fáciles.

Es preciso buscar la orientación necesaria para volver a poner nuestra vida en perspectiva.  Cuando nos encontramos perdidos es importante buscar puntos de referencia y evitar seguir caminando en círculos. Porque podemos caer en pensamientos circulares, que son ideas que aparecen en nuestra mente que no llevan a ninguna solución, pero que se mantienen ahí, dando vueltas al mismo tema y recurriendo a las mismas ideas sin aportar nada.

Nos sorprendemos repitiendo las mismas historias, recurriendo a los mismos temas, sin salir de ese atolladero. Como diría nuestra gente del campo, parecemos “caballo trapichero”.

Hay que buscar en primer lugar para nuestra historia personal y comunitaria, la adecuada clave interpretativa para encontrar luz y consuelo. Nuestro Señor Jesucristo nos dice lo siguiente:

“Los fariseos y los saduceos se acercaron a él y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les hiciera ver un signo del cielo. Él les respondió: «Al atardecer, ustedes dicen: «Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo como el fuego». Y de madrugada, dicen: «Hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojo oscuro». ¡De manera que saben interpretar el aspecto del cielo, pero no los signos de los tiempos!”, Mateo 16, 3ss

Es preciso buscar la orientación necesaria para volver a poner nuestra vida en perspectiva. 

De igual forma es muy probable que algunos de nosotros podemos estar acercándonos a Jesús como los fariseos y saduceos para ponerlo a prueba, preguntándole ¿Por qué están ocurriendo estas cosas? Ellos al igual que nosotros tenemos una idea de cómo deben ser las cosas, pero al parecer, Dios no lo está llevando por esa vía. Jesús nos enseña que sería más sensato procurar interpretar los signos de los tiempos. Es decir, mirar con atención los hechos a nuestro alrededor e interpretarlos a la luz del Evangelio, de la voluntad de Dios para nuestra vida particular y para la humanidad en general.

Solo debemos observar un acontecimiento histórico concreto, a la luz de la historia secular, la muerte en cruz de Jesucristo. Para los romanos un sedicioso que fue llevado a la cruz, para el sanedrín fue condenado por hereje y blasfemo. Esos son los hechos vistos con una historia que prescinde de Dios y de lo sobrenatural. Pero podemos preguntarnos ¿Cómo interpretamos nosotros ese mismo acontecimiento? ¿Qué clave interpretativa nos orienta y guía para ver la muerte en la cruz de Jesús? ¿No deberíamos usar esa misma clave para vislumbrar el camino de Dios en medio del mundo contemporáneo?

La oscuridad nos puede cubrir si solo vemos de manera superficial en inmediata los acontecimientos, y no buscar en la oración y el ayuno el adecuado discernimiento. La Palabra de Dios nos advierte de la posibilidad de contaminarnos por los criterios del mundo y no acertar en nuestra clave interpretativa del acontecimiento.

“No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.”                   Romanos, 12, 2

La transformación interior no solo es necesaria, sino indispensable para poder dar con la verdad. Debemos hacer un acto de conversión y pedirle a Dios su sabiduría para entender y poder entonces obedecerle mejor, porque de las demás cosas que nos preocupan nos vendrán por añadidura.

Artículo anterior

Día de la Iglesia Diocesana

Siguiente artículo

Trastornos de comunicación en los niños