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“Como cristianos nuestro principal compromiso es ser dóciles a la acción del Espíritu Santo”, Monseñor José Domingo Ulloa

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“El Espíritu Santo tiene la misión divina de santificar y conducir a la Iglesia”, fueron las primeras palabras del Arzobispo de Panamá, Monseñor José Domingo Ulloa, al iniciar la homilía.

 

Monseñor Ulloa celebró la Eucarística desde la capilla, y su homilía la dedicó a la acción del Espíritu Santo, destacando que actúa en la figura del Papa y su magisterio para que sea infalible (que no puede equivocarse) cuando proclama la doctrina de una manera oficial, es decir, ex cátedra, desde la silla, como maestro de la Iglesia.

 

Dijo que como cristianos, nuestro principal compromiso es ser dóciles a la acción del Espíritu Santo para crecer continuamente en nuestra vida espiritual.

Después de haber examinado ayer el don la sabiduría, como el primero de los siete dones del Espíritu Santo, hoy Monseñor Ulloa llamó la atención sobre el segundo don, es decir, el intelecto. 

 

Advirtió que no se trata en este caso de la inteligencia humana, de la capacidad intelectual de la que podamos estar más o menos dotados, es una gracia que solo el Espíritu Santo puede infundir y que suscita en el cristiano la capacidad de ir más allá del aspecto externo de la realidad y escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su diseño de salvación.

 

“Jesús ha querido enviarnos el Espíritu Santo para que nosotros entendamos este don, para que todos nosotros podamos entender las cosas como Dios las entiende, con la inteligencia de Dios”, manifestó. 

 

El Arzobispo afirmó que el don del intelecto está estrechamente conectado con la fe, tras comentar que cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día tras día en la comprensión de lo que el Señor nos ha dicho y ha realizado. 

Inmediatamente después introdujo el don de entendimiento. “Las verdades de la fe no pueden ser captadas en toda su limpieza y perfección más que por el golpe de vista intuitivo y penetrante del don de Entendimiento, y por eso la fe de los niños es más pura y completa. Esa es la fe que mueve montañas, porque no entra en la dinámica del mundo discursivo”, explicó.

De manera catequética, indicó que desde el entendimiento, la especie de pan es mucho más que pan es presencia de Dios y eso lo experimentamos y sentimos, y por ello el alma goza con los detalles de las celebraciones, aunque sean pequeños detalles, y experimentamos veneración, respeto, devoción y ternura.  

Al terminar su homilía se refirió a la apertura de los templos, diciendo que los fieles quedan dispensados del precepto dominical, aclarando que se hace con criterio de responsabilidad y pastoral.

La dispensa del precepto dominical quiere decir que se dispensa» de la obligación de cumplir con el «precepto dominical» a todos los fieles, pero “no impide que asistan los que quieran y puedan”. 

Monseñor Ulloa instó a las personas de edad avanzada o en situación de riesgo a seguir la misa por los medios de comunicación, mientras dure la situación de emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus.

“Rogamos y sugerimos a las personas mayores y con afecciones respiratorias se abstengan de participar en la Misa por el riesgo que corren”, exhortó el Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta.

A continuación, el texto completo de la Homilía de Monseñor Ulloa desde la capilla de su casa:

¿Por qué es importante el Espíritu Santo en la vida cristiana?

¿Cómo actúa?

Su acción entre nosotros

El Espíritu Santo tiene la misión divina de santificar y conducir a la Iglesia. Asesora de manera especial al Papa para que sea infalible (que no puede equivocarse) cuando proclama la doctrina de una manera oficial, es decir, ex chatedra, desde la silla, como maestro de la Iglesia.

¿Qué es el Espíritu Santo y cómo entenderlo?

Recibimos el Espíritu Santo en nuestro Bautismo y, más plenamente, en la Confirmación para ser testigos y apóstoles de Cristo.

Compromisos

Somos templos vivos del Espíritu Santo y el Espíritu que mora en nosotros nos santifica… ¡si nosotros queremos!

Ese podría ser nuestro principal compromiso: ser dóciles a la acción del Espíritu Santo en nosotros para crecer continuamente en nuestra vida espiritual.

Hemos recibido el Espíritu Santo en la Confirmación para ser apóstoles que den testimonio valientemente de Cristo. Si no somos apóstoles, ¿no sentimos como que estamos desperdiciando tan valioso sacramento?

Cuando hablamos al Padre Dios y lo llamamos con ese nombre tan hermoso que nos enseñó Jesús, es el Espíritu Santo el que ora en nosotros. Intensifiquemos nuestra oración haciéndola más frecuente, más familiar y más comprometida.

Con un gran espíritu de fe aceptemos la doctrina de la Iglesia como revelada por Dios e inspirada por el Espíritu Santo. Aunque la infalibilidad del Papa solo vale cuando habla oficialmente, ex chatedra, conozcamos su doctrina a través de sus cartas y encíclicas y tratemos de llevarlas a la práctica. Con ese mismo espíritu debemos obedecer a nuestros pastores legítimos.

El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir con los deberes propios de nuestro estado. Los esposos pídanle la gracia de ser buenos esposos y buenos padres.

Después de haber examinado ayer el don la sabiduría, como el primero de los siete dones del Espíritu Santo, hoy quisiera llamar la atención sobre el segundo don, es decir, el intelecto.

No se trata en este caso de la inteligencia humana, de la capacidad intelectual de la que podamos estar más o menos dotados.

Es una gracia que solo el Espíritu Santo puede infundir y que suscita en el cristiano la capacidad de ir más allá del aspecto externo de la realidad y escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su diseño de salvación.

El apóstol Pablo, dirigiéndose a la comunidad de Corinto, describe bien los efectos de este don. ¿Qué hace este don del intelecto en nosotros? Y Pablo dice esto: “Lo que el ojo no vio ni el oído oyó, ni entraron en el corazón del hombre, Dios las ha preparado para los que le aman. Pero a nosotros Dios nos las ha revelado por medio del Espíritu” (1 Cor 2, 9-10).

Esto, obviamente no significa que un cristiano pueda comprender cada cosa y tener un conocimiento pleno del diseño de Dios: todo esto permanece a la espera de manifestarse con toda claridad cuando nos encontremos ante Dios y seamos verdaderamente una cosa sola con Él. Pero, como sugiere la misma palabra, el intelecto permite, es decir, leer dentro. Y este don nos hace entender las cosas como las entiende Dios, con la inteligencia de Dios.

Porque uno puede entender una situación con la inteligencia humana, con prudencia y va bien, pero entender una situación en profundidad como la entiende Dios es el efecto de este don.

Y Jesús ha querido enviarnos el Espíritu Santo para que nosotros entendamos este don, para que todos nosotros podamos entender las cosas como Dios las entiende, con la inteligencia de Dios. ¡Es un hermoso regalo el que Dios nos ha hecho a todos nosotros! Es el don con el que el Espíritu Santo nos introduce en la intimidad con Dios y nos hace partícipes del diseño de amor que Él tiene para nosotros.

Está claro que el don del intelecto está estrechamente conectado con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día tras día en la comprensión de lo que el Señor nos ha dicho y ha realizado. El mismo Jesús ha dicho a sus discípulos: “Os enviaré el Espíritu Santo y Él os hará entender todo lo que yo os he enseñado”.

Entender las enseñanzas de Jesús, entender su palabra, entender el Evangelio, entender la Palabra de Dios. Uno puede leer el Evangelio y entender algo, pero si leemos el Evangelio con este don del Espíritu Santo podemos entender la profundidad de las palabras de Dios y esto es un gran don, un gran don que todos debemos pedir y pedir juntos: danos Señor el don del intelecto.

El Don de ENTENDIMIENTO

Necesidad del don de Entendimiento

La razón es muy sencilla.

El conocimiento humano es de suyo discursivo, por composición y división, por análisis y síntesis, no por simple intuición de la verdad.

De esta condición general del conocimiento humano no escapan las virtudes impulsadas al funcionar bajo el régimen de la razón y a nuestro modo humano.

El objeto primario de la fe es el mismo  Dios, y la fe es de suyo un hábito intuitivo, no discursivo; por eso, las verdades de la fe no pueden ser captadas en toda su limpieza y perfección más que por el golpe de vista intuitivo y penetrante del don de Entendimiento.

Por eso la fe de los niños es más pura y completa. Esa es la fe que mueve montañas, porque no entra en la dinámica del mundo discursivo.

Por eso la recomendación de Jesús de hacernos como niños.  

Y de allí la “necesidad del don de Entendimiento”:

En la VIDA ESPIRITUAL y de ORACIÓN

El don de entendimiento nos hace descubrir la riqueza de la liturgia: y el contenido de los signos y símbolos.

Nos hace ver la substancia de las cosas ocultas bajo los accidentes. Desde el entendimiento la especie de pan es mucho más que pan es presencia de Dios y eso lo experimentamos y sentimos.  Y por ello el alma goza con los detalles de las celebraciones, aunque sean pequeños detalles. Y experimentamos veneración, respeto, devoción y ternura.  Nos hace contemplar los efectos contenidos en las causas.

El don de entendimiento nos permite también descubrir el sentido oculto de las divinas Escrituras. Es lo que realizó el Señor con sus discípulos de Emaús. El Espíritu Santo les descubre de pronto y con una intensidad vivísima el sentido profundo de alguna sentencia de la Escritura que le sumerge en un abismo de luz.

Verdades que profundiza el don de Entendimiento:

Formulaciones como Cristo-Sacerdote único mediador. María Madre universal… Nos hace ver, fácilmente, las causas a través de los efectos. En los indicios más imperceptibles, en los menores acontecimientos de su vida. La simple vista de los efectos le hace entrever todo el misterio de amor.  Descubre la presencia de la Encarnación en todo acontecimiento.

Nos permite ver de golpe el sentido de la misión y el plan de Dios.

En la Vida ORDINARIA nos permite ver de golpe el sentido de la misión y el plan de Dios. Penetramos de modo intuitivo en el misterio de nuestra propia vocación y en el misterio de la Parroquia, y su misión en la Iglesia. De aquí brota ese convencimiento, sincero, sencillo, pero también radical para vivir la Fe.

En el APOSTOLADO Nos permite:

Intuir con nitidez, y de golpe los caminos por los que Dios quiere que realicemos nuestra acción apostólica. Nos resuelve de golpe muchos análisis y planteamientos, muchas veces meramente humanos, para señalarnos con claridad el fin sobrenatural al que debe tender toda acción apostólica. Un párroco, una catequista, un profesor de religión, si es fiel a este don, tiene la posibilidad de proyectar a lo grande la obra que tiene encomendada: porque goza de una visión sobrenatural privilegiada del campo apostólico.

Medios para fomentar este don

Invocar al Espíritu Santo. Fidelidad a la gracia. La práctica de una fe viva con ayuda de la gracia ordinaria. Buscar siempre la pureza de alma y cuerpo de intención Recogimiento interior Amor al silencio

Quedan dispensados del precepto dominical todos los fieles.

Frente a esta dispensa que se hace con criterio de responsabilidad y pastoral, rogamos y sugerimos a las personas mayores y con afecciones respiratorias se abstengan de participar en la Misa por el riesgo que corren, recordando que pueden seguirla a través de los medios de comunicación.

Aquellas personas que asistan, aténganse a las normas de seguridad de las autoridades sanitarias y a las recomendaciones emitidas desde la Conferencia Episcopal.

La Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días domingo y fiestas de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio (cf CIC can. 1245).

Canon 1245: Quedando a salvo el derecho de los Obispos diocesanos contenido en el c. 87, con causa justa y según las prescripciones del Obispo diocesano, el párroco puede conceder, en casos particulares, dispensa de la obligación de guardar un día de fiesta o de penitencia, o conmutarla por otras obras piadosas; y lo mismo puede hacer el Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica, si son clericales de derecho pontificio, respecto a sus propios súbditos y a otros que viven día y noche en la casa

Esta dispensa exime de la obligación a los fieles que lo consideren oportuno de asistir a la Misa, pero “no impide que asistan los que quieran y puedan”.

La dispensa del precepto dominical quiere decir que se dispensa” de la obligación de cumplir con el “precepto dominical” a todos los fieles mientras dure la situación de emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus, e insta a las personas de edad más avanzada o en situación de riesgo a seguir la misma por los medios de comunicación.

En el código de derecho canónico y el catecismo El obispo ha incluido en la dispensa a las personas que “circunstancialmente” se encuentren en este territorio, “quedando los fieles en libertad de asistir a las misas que se celebren o de seguirlas a través de los medios de comunicación”.

Es decir, levanta la obligatoriedad de los católicos de asistir a misa los domingos y fiestas de guardar, mientras dura la epidemia.

Hemos de estar “atentos” a las disposiciones de la Autoridad civil para cumplir sus ordenanzas: prohibición de los actos colectivos, medidas higiénicas, cautelas y provisiones, etc.  “Somos ciudadanos que queremos contribuir al bien común”. “Nos mueve a ello la solidaridad cristiana y la búsqueda del bien de los demás, antes incluso que el de uno mismo”.

La Diócesis, en estrecha colaboración con las autoridades sanitarias, hacemos un llamado “a la cooperación personal y comunitaria de todos los sacerdotes, miembros de la vida consagrada y fieles laicos”. “No podemos olvidar que es un deber de responsabilidad ciudadana y cristiana la autoprotección, que, al prevenirnos del contagio del coronavirus, contribuye a proteger a los demás”.


De esta forma, se pueden celebrar misas todos los días de la semana, pero se harán según la cantidad que la norma permita y se invita a las personas mayores y en situación de riesgo a seguir la celebración de la eucaristía desde sus casas.

Pedimos “serenidad y responsabilidad” y la colaboración con las autoridades civiles y sanitarias “para frenar” esta pandemia e “impedir los riesgos de contagio a los más débiles”.

En medio de la preocupación y creciente ansiedad que muchas personas manifiestan, es bueno que todos contemplemos nuestra fragilidad y limitación, teniendo en cuenta que no somos omnipotentes”.

MONS. JOSÉ DOMINGO ULLOA OSA

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