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Compasión ante el sufrimiento del hermano extranjero

Marianne Colmenárez  

En una misma cena agradecieron a Dios por la vida, la salud y por tener la bendición de contar con el Hogar Luisa, un albergue que les acogió como si fueran familia. Once migrantes, de diferentes nacionalidades, conviven con el paso de los días sintiendo miedo, ansiedad, fragilidad, pero por otro lado solidaridad, respeto y amor por parte de quienes dirigen esta obra de la Iglesia Católica. 

Actualmente cubanos, colombianos, salvadoreños y nicaragüenses conviven con dignidad y en armonía.

Varios hermanos extranjeros que residen en el hogar viven el drama de haber quedado desempleados en plena crisis. Tal es el caso de la familia García Gonzáles, un joven matrimonio salvadoreño con dos niños que se ven en la calle, luego de que Cristian dejó de percibir ingresos, perdió su empleo como jardinero en una escuela ubicada en Mañanitas. 

También está el caso de Caridad Laffita, quien llegó desde la Habana Cuba para reencontrarse con su esposo en Panamá. Hoy los dos están desempleados, pasan sus días con la esperanza de que la pandemia acabe pronto. 

Su marido desea seguir trabajando como obrero de la construcción y ella mientras tanto como doméstica. Sostiene la ilusión de ejercer en un futuro, no muy lejano, su profesión, es profesora de física.  

Humanidad y afectividad

“Esta situación que actualmente atravesamos nos afecta emocionalmente a todos, trato de ponerme en los zapatos de los usuarios y entiendo perfectamente la necesidad de recibir algún gesto de afectividad,” asegura Vidalina Santos, trabajadora social del Hogar Luisa.   

Comparte que hace pocos días tuvieron la iniciativa de preparar una cena para compartir un momento fraterno. “Agradecimos a Dios por la bendición de tener el Hogar Luisa, un lugar que sin distinción alguna ofrece un espacio seguro que les acoge, dimos gracias por la sana convivencia que tenemos y por el pan nuestro de cada día”, expresó. 

Vidalina y Yani Guevara, la monitora del albergue, pasan también la cuarentena en el Hogar, ubicado en la calle 92 de Parque Lefevre; mientras que Jorge Ayala, director de la obra, es el único que al finalizar del día regresa a su casa.

Bolsas de comida

La solidaridad de los católicos ha sido una nota característica en este tiempo.

Antes de que fuera decretada la cuarentena, atendían un estimado de 30 familias, quienes recibían acompañamiento social y asistencia con alimentos. Al surgir esta crisis, el número de familias que solicitaron apoyo aumentó significativamente; inmediatamente iniciaron la compra y confección de bolsas de comida con fondos de la Pastoral de Movilidad Humana. 

 “Recibimos apoyo de la presidencia con 498 bolsas de alimentos del Programa Panamá Solidario, gracias a la gestión de la Pastoral Social Arquidiocesana, de las cuales hemos complementado con víveres donados que recibimos en el Hogar Luisa”, manifiesta Jorge Ayala.

Agrega que, gracias al apoyo de algunos párrocos, se han podido coordinar las entregas de las bolsas a familias extranjeras que viven lejos y que no han recibido ningún tipo de ayuda. 

“En este momento, las bolsas que tenemos ya están asignadas. Esperamos conseguir más para continuar ayudando, el listado que tenemos arroja más de 700 solicitudes”, expresó. 

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