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Concedido milagro a docente panameña

Desde que tenía 7 años de edad, la pacoreña Paula Medina Zárate fue diagnosticada de padecer ictiosis vulgar, una enfermedad cutánea de origen genético, que provocaba que su piel estuviese siempre seca y escamosa, como la de un pez. Por más de 50 años sufrió de fuertes lesiones, su cuerpo sangraba y las heridas provocaban en ella dolor, ardor y comezón. No podía exponerse al sol, por períodos largos entraba en crisis, llegando a perder por un año la piel de su rostro.
A pesar de sus padecimientos Paula se dedicó como docente y como laica comprometida con su Iglesia a trabajar por la juventud y por las madres solteras de las parroquias de Pacora y Chepo. Fue fiel colaboradora de los Frailes Capuchinos que han trabajado en Panamá desde 1982.
Por la amistad establecida, los Frailes le invitaron en el 2012 a viajar con ellos a Detroit, Michigan para que descansara y conociera el trabajo inmenso que realizaban con los pobres. Allí, visitaron un centro de espiritualidad enfocado en la vida del Fraile Capuchino Solano Casey, quien murió en 1957 con fama de santidad.
Paula no conocía sobre Fray Solano, pero cuando vio la tumba donde reposa el cuerpo del capuchino se interesó por saber quién era; Fray José Timmers quien la acompañaba le explicó que había sido un sacerdote sencillo, considerado fuerte como intercesor y que durante su vida muchas personas reportaron favores y sanaciones a causa de sus oraciones.
Le reveló que luego de su muerte se reciben todos los días reportes de favores concedidos y por eso su tumba está cubierta de peticiones escritas en notas de papel.

Ocurrió el milagro
Paula se arrodilló ante la tumba y pidió por todos los enfermos de su comunidad. Al terminar, escuchó una voz que le preguntó ¿y tú? ¿Qué deseas?, volvió a arrodillarse y algo profundo empezó a sentir, lloró pidiendo perdón a Dios por su falta de fe y en ese momento sintió que sus piernas muy afectadas por la enfermedad se calentaban con mucha intensidad.
Sin contar sobre lo que sentía, se fue almorzar y al irse a su habitación levantó su pantalón y descubrió que las escamas de su piel estaban cayendo, ahora su piel está tan sana como la de un niño. Hasta hoy la enfermedad no se ha manifestado.
Ningún médico especialista en dermatología, ni el experto en genética consultado han podido explicar cómo es posible que la enfermedad que padecía Paula, siendo genética no se manifieste en su cuerpo. Actualmente sus cuidados de la piel son mínimos, al igual que una persona con piel sana y normal.
Fray Lorenzo Webber, informa que el caso ha pasado por varios instantes de investigación eclesiásticas, incluyendo a la Arquidiócesis de Detroit y dos tribunales del Vaticano, quienes aseguran que el favor concedido está íntimamente conectado con la intercesión de Fray Solano. El Papa Francisco firmó en mayo un decreto aprobando la elevación del venerable Solano Casey a los altares de los beatos.
Explicó Webber, que Solano no fue un hombre de títulos, era un cristiano sencillo que vivía preocupado por el pueblo de Dios, se esforzaba por la conversión de los pecadores, siendo consuelo y apoyo para quienes le buscaban. Su vida fue un total y completo sacrificio en aras de la gloria de Dios y la santificación del prójimo.
Por su parte, Monseñor José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá afirmó que una vez más, Dios ha puesto su mirada misericordiosa en el pueblo panameño, esta manifestación del Padre a través del Fray Solano la debemos asumir como un compromiso para hacer mejor al país, especialmente atendiendo la niñez y la juventud.

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