DiócesisPenonomé

Conversiones y motivos para seguir

Amor, fe, alegría y entusiasmo son las palabras que definen la vivencia de los coclesanos con la llegada de los símbolos de la Jornada Mundial de la Juventud a la diócesis de Penonomé, luego de ser entregados por la diócesis de Chitré.

En La Pintada, el encuentro de los peregrinos fue motivador, al ver caminar a algunos de ellos por más de seis horas para llegar al recibimiento, sin saber dónde iban a dormir o qué iban a comer, la fe los llevó a acercarse a vivir ese encuentro con la Cruz de Cristo.

Los símbolos fueron llevados a dos comunidades distantes al centro de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, ubicadas en sectores marginados por los gobiernos y la misma sociedad, por lo que muchos expresaban su agradecimiento a los custodios y al equipo, por tomarles en cuenta.

Los fieles de la parroquia San Juan Bautista de Aguadulce señalaron que son testigos del gran amor de Cristo que se entregó por nosotros, y que gracias a ese amor, las personas salieron a las calles de la ciudad desde sus trajos y desde sus casas para acercarse a contemplar estos misterios que no solo radican en algo físico, sino que son una fuente de alegría en la juventud que espera tener ese momento junto a los peregrinos.

Por otro lado, en el Valle de Antón se sintió el entusiasmo por la espera de la Cruz y el ícono de la Virgen María, lo que fue una vivencia que no se olvidará y permanecerá en sus memorias recordando la Cruz que fue entregada por San Juan Pablo II en Roma, y que desde entonces recorre los encuentros mundiales dando testimonio de Jesús, en medio de los jóvenes.

“El paso de los símbolos por nuestra comunidad fue sentir ese mensaje de cómo Jesús se entregó por nuestros pecados en la cruz, y que así mismo debemos entregarnos plenamente, porque sin Él no somos nada”, recalcó Irving Rivas.

Agregó que esperan con ansias se encuentro mundial con el Papa, en el que serán discípulos y mensajeros del evangelio. “Espero que haya un cambio en nuestras vidas para poder siempre caminar de la mano de la Virgen María, como guía espiritual y protectora nuestra”, señaló Rivas. Ver a los niños, jóvenes, adultos y sobre todo a los enfermos en los Vía Lucis, cuando se acercaba la Cruz y la Virgen, llorando de emoción fue algo grandioso… “al tocarlos, le pedían por su salud y luego verles una energía maravillosa, conmovió a los voluntarios de la JMJ de la parroquia Santiago Apóstol de Natá.

Otro de los testimonios de la parroquia de Natá, fue el de un joven con problemas, quien al tocar la Cruz Peregrina empezó a llorar expresando posteriormente que se sintió aliviado por su cambio, dando testimonio de esto su madre, una voluntaria, quien señaló que esto le ayudó a aferrarse más a Dios

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