Llevemos nuestras alcancías a las parroquias. Recordemos que la Iglesia se sostiene con el corazón de todos.
Monseñor José Domingo Ulloa/Arzobispo de Panamá
Al llegar al cierre de nuestra Campaña Arquidiocesana, quiero comenzar con una palabra sencilla, pero profundamente sentida: ¡gracias! Gracias a cada comunidad parroquial, a los voluntarios, a las familias, a los jóvenes y niños, y a tantas personas que, con generosidad, han comprendido que sostener la misión de la Iglesia es responsabilidad de todos.
Durante estas semanas hemos repetido una verdad que no puede quedarse solamente como un lema: «¡Cristiano, la Iglesia eres tú!». La Iglesia no es únicamente el templo, ni sus sacerdotes, ni quienes trabajan diariamente en las estructuras pastorales. La Iglesia somos todos los bautizados y, por eso, todos somos responsables de su misión y sostenibilidad.
Ahora llega un momento muy importante: devolver nuestras alcancías. Quizás alguna esté llena y otra tenga apenas unas monedas. No importa. Lo verdaderamente valioso es lo que cada una representa: sacrificio, solidaridad, sentido de pertenencia y amor a la Iglesia.
Cada aporte, por pequeño que parezca, unido al de los demás, permite continuar sosteniendo la evangelización, la formación de nuestros seminaristas, la atención a los más necesitados, las obras sociales y tantos servicios pastorales que diariamente realiza nuestra arquidiócesis.
Pero la Campaña no termina cuando devolvemos la alcancía. La corresponsabilidad debe continuar durante todo el año. Necesitamos crecer en una cultura en la cual cada católico pueda preguntarse: ¿qué estoy haciendo para sostener la Iglesia, que también es mi familia?
Por eso, llevemos nuestras alcancías a las parroquias y hagámoslo con alegría. Que este gesto sea también una oración de gratitud: «Señor, de lo que Tú me has dado, hoy quiero compartir para que tu Iglesia pueda seguir sirviendo».
Sigamos caminando juntos. Porque cuando cada uno aporta lo que puede, la Iglesia puede llegar allí donde más se necesita.
