La paternidad va más allá de proveer y proteger. Implica acompañar, educar, escuchar y transmitir valores, siendo una figura esencial para el crecimiento integral de los hijos y la construcción de familias sólidas.
Por Vilma Calderón
Malaquías 2, 10 – 2: “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué entonces somos traidores los unos con los otros, profanando la alianza de nuestros padres?”. Tenemos un mismo origen y esto nos llama a la fraternidad y a la fidelidad unos con otros.
Ser padre es un encargo para toda la vida. Un don exclusivo y personal que da Dios Padre Creador, al hombre padre, progenitor. Una labor de todo momento que no se puede delegar ni transferir a otro; derechos y deberes fundamentales que no se pueden ceder. El amor, el dolor, las experiencias que trae la relación padre e hijo, nadie puede sentirlo o vivirlo exactamente igual al padre.
Dios es modelo de padre
No se puede renunciar a esta encomienda cuando se desea. El ADN en cada hijo lleva impreso su sello. Son de Dios, pero vienen a través de la pareja. Además, tienen el ADN de Dios en su espíritu.
El designio de Dios Padre es hacer de todos nosotros un hijo que tenga su misma vida, y sea eterno.
Dios es el modelo de Padre. En Él se encuentra amor, justicia y misericordia. Él sabe amar y moldear; corregir con dulzura. Pero, en ocasiones, también corrige con dolor. Conduce, da alimento; es amigo y consejero. Imite ese modelo de Dios.
Dar el ejemplo
Los hijos aprenden desde el ejemplo y actúan en esa misma línea. Sea el espejo en donde se mire, luche incansablemente por ellos y sacrifíquese por ellos. Déjeles huellas rectas en el camino de la vida; así, lo que aprenden en el seno de la familia lo traspasarán afuera y en la familia que ellos después formarán.
La familia ha de ser su prioridad, como cabeza que es. Su misión principal es adherirlos a una comunidad cristiana, desde los inicios de la vida. Una familia para Dios. Que crezcan en un clima de amor, paz, ayuda mutua, amistad y oración; con la fuerza suficiente para enfrentar los miedos, los momentos de tristezas y dificultades. Sostenerse en la tempestad. Toda familia tiene fortalezas y debilidades. Trabaje en las fortalezas. La calidad de vida de los miembros mejora si hay una familia amorosa.
Misión confiada por Dios
Céntrese en su misión. Aléjese de las distracciones, placeres y atractivos que ofrece el mundo; ellos eliminan la posibilidad de un encuentro con Dios, desvían del camino y conducen a abandonar la misión. Pida a Dios la templanza para no caer en adicciones, alcoholismo, pornografía y amigos que acaparan. Huya de la agitación de las largas jornadas laborales.
Sea soporte y apoyo en todo momento. Haga que cada uno de los miembros de la familia, incluyendo a su esposa, se sienta amado, respetado, valorado y escuchado.
Sea un papá comprometido. Un padre no es el que da la vida, sino el que da amor y compañía. Que la familia sienta su presencia. Mantenga la oración, la relación con Dios y la unión familiar. Ser padre es un regalo. Vívalo como tal.
