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Cuarenta días para volver al corazón y prepararlo hacia la luz pascual

Cuarenta días para volver al corazón y prepararlo hacia la luz pascual

La Iglesia propone conversión interior auténtica que transforme actitudes, decisiones diarias, vínculos cercanos y compromiso solidario con necesitados.

 

Por Marianne Colmenárez 

Cada año, la Iglesia propone un camino que no pretende la repetición de prácticas externas, sino la renovación auténtica del corazón.

La Cuaresma, que comienza este miércoles 18 de febrero, se presenta como un tiempo de preparación espiritual hacia la Pascua y como una oportunidad concreta para el encuentro con Dios, con uno mismo y con la familia.

Este tiempo litúrgico se asocia con prácticas visibles como la oración, el ayuno y la limosna. Sin embargo, la enseñanza eclesial insiste en que estas expresiones solo tienen sentido cuando nacen de una transformación interior.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en su numeral 1430, recuerda que la llamada a la conversión no se dirige primero a las obras exteriores, sino a la penitencia interior. “Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia”.

Se trata de una reorientación radical de la vida, un retorno a Dios con todo el corazón, una ruptura con el pecado, y el deseo sincero de cambiar, con la confianza puesta en la misericordia divina.

En su exhortación apostólica Dilexi te, el papa León XIV coloca en el centro el amor hacia los pobres y necesitados como un valor cristiano fundamental. “La santidad cristiana florece, con frecuencia, en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad. Los más pobres entre los pobres, los que no solo carecen de bienes, sino también de voz y de reconocimiento de su dignidad, ocupan un lugar especial en el corazón de Dios”.

 

Millones de cristianos en todo el mundo se toman un tiempo para acercarse a Dios y reflexionar.

 Discernir sin juzgar

Monseñor Manuel Ochogavía, obispo de la Diócesis de Colón, señala que la tarea pastoral consiste en ofrecer los espacios que la liturgia y la tradición brindan para facilitar el encuentro con Jesucristo.

Para el obispo, el discernimiento consiste en reconocer qué prácticas acercan al encuentro personal con Cristo, sin caer en actitudes discriminatorias ni juicios equivocados.

“La conversión se va dando a lo largo de la vida, en cambios de actitudes y formas de decidir, como fruto del encuentro con Jesucristo. El peor error es no participar, es no darle espacio a Dios en la vida de las personas”, advirtió.

Recuerda entre varios puntos, que la abstinencia, por ejemplo, no debe convertirse en una carga desproporcionada para las familias.

“Más allá de si es carne o pescado, está el sentido de abstenerse de aquello que de alguna manera nos puede desconcentrar. Hoy, esto puede implicar limitar el uso del celular o de las redes sociales. Cada persona tendría que pensar en qué necesita cortar en su vida para preparar el corazón, para disponer el corazón a vivir con frutos la Cuaresma”, expresó.

Tal es el caso de la señora Noris Hidalgo, madre y abuela panameña que asiste con frecuencia al Bazar Solidario del Hogar Luisa. Ella decidió, en la pasada Cuaresma, abstenerse de comprar en esta venta de segunda mano. Reconoció que disfruta las ofertas al máximo y que, muchas veces, adquiere cosas que en realidad no necesita.

 

Otras prácticas pequeñas con sentido

Por su parte, Angelina Mitre, religiosa de las Hermanas de la Misericordia y coordinadora del Centro de Orientación y Educación Familiar, propone momentos de silencio para reconocer la huella de Dios en el interior, y retoma las palabras del salmo 51 para pedir un corazón puro y un espíritu firme.

Ayunar de distracciones cotidianas ayuda a centrar la atención del corazón en lo verdaderamente importante.

 

En el ámbito familiar, sugiere gestos concretos que ayudan a vivir este tiempo desde el hogar: ofrecer escucha atenta a los ancianos, ayunar de palabras hirientes y gestos groseros, establecer días sin televisión ni redes sociales para dialogar y compartir; realizar juntos la limpieza del hogar como signo de un espacio donde Dios habita. Asimismo, reservar alimentos durante cuarenta días para donarlos a quienes los necesitan, y servirse solo lo necesario para evitar desperdicios.

“Estas acciones salen del corazón agradecido de alguien que se ha encontrado con Dios y, en agradecimiento, hace estas buenas obras”, manifestó.

Para la hermana Angelina, la Cuaresma se convierte así en un aprendizaje personal y comunitario.

“Es un camino que conduce a revisar la vida, ordenar prioridades y dejar espacio a la gracia, para que este tiempo no pase en vano, sino que nos conduzca verdaderamente renovados hacia el gozo de la Pascua”, puntualizó.

 

¿Cómo ha transformado tu vida cada Cuaresma?

 

Ana  Sequera/Feligrés

“Me he sentido más cerca del amor de Dios y de la Iglesia, lo vivido me ha dado más empatía por el prójimo”.

 

 

Ronnie De Gracia/Feligrés

“Siento que reafirmo la razón por la cual Cristo me llama: ‘Entregar mi vida a los demá’, en el lugar donde Él me permita servirle”.

 

 

Geldria Guanti/Feligrés

“Gracias a un ayuno de compras que hice, aprendí a valorar lo que tengo y a vivir realmente con lo que necesito”.

 

Richard Sanjur/Feligrés

“Gracias a un Retiro Precuaresmal, vencí mi timidez, encendí mi fe y despertó mi deseo permanente de adorar y servir al Señor”.